rfi

Escuchar
  • Español
  • Último noticiero
  • RFI Mundo
Mundo ciencia
rss itunes

Los United World College, una utopía educativa en un mundo cambiante

Por RFI

Diecisiete colegios en cuatro continentes quieren cambiar el mundo. Este es el ambicioso reto de los United World Colleges, que imparten el bachillerato internacional apoyándose en valores como la unión entre culturas y el futuro sostenible. Una quimera nacida en 1962 y que ahora quiere llegar a más alumnos y países para dar respuesta a las necesidades educativas y sociales de hoy.

Por Mireia Rom Salvador.

Cuando tenía 14 años, Camilo Aponte oyó hablar por primera vez de los United World Colleges o Colegios del Mundo Unido. Su primo, que se acababa de graduar, y una profesora de su colegio, le infundieron la motivación de querer estudiar en uno de ellos dos años más tarde. “El Camilo que se fue de Colombia y el Camilo que volvió después de un año cambió mucho, sobre todo por lo que se refiere a la madurez”, relata él mismo. “Si me hubiese quedado en Colombia, la gente tiene puntos de vista mucho más parecidos, o al menos no cambian tan drásticamente como cuando estás aquí”.

Camilo y compañeros del UWC. Foto cedida por Camilo

Los United World Colleges se definen como un movimiento educativo global con el objetivo de convertir la educación en una fuerza para unir a las personas, las naciones y las culturas por la paz y un futuro sostenible. Un ideal educativo surgido de la mano uno de sus fundadores, el pedagogo alemán Kurt Hahn, en pleno contexto de la Guerra Fría. “En una reunión de la OTAN entre líderes de diferentes naciones, e incluso de naciones que habían estado en conflicto, Hahn se inspiró en el deseo de colaboración entre ellos. A partir de aquí pidió que le dieran la oportunidad de crear una escuela para alumnos no solo de países industrializados, sino de todos los lugares del mundo”, explica Selena Sermeño, psicóloga clínica y educadora de United World College.

Desde su nacimiento en 1962 y en la línea de formar ciudadanos globales, los United World Colleges imparten el bachillerato internacional, en el que los alumnos tienen seis grupos de materias y deben escoger una por grupo. En tres de ellas, además, se especializan con más profundidad. El objetivo es que los estudiantes ganen en autonomía tomando decisiones acerca de su propio aprendizaje. “Es muy diferente al sistema tradicional colombiano. Uno puede escoger las materias que realmente quiere tomar. Se pone más énfasis en la creatividad y en los puntos de vista de los alumnos, y esto hace que uno se motive más a estudiar”, expresa Camilo.

Se pueden practicar muchos deportes. UWC

Actualmente existen 17 United World Colleges en todo el mundo. Algunos de ellos cuentan con subvenciones públicas, pero la mayoría del presupuesto viene de fuentes privadas como filántropos, fundaciones y asociaciones de exalumnos. A pesar de su número tan reducido, desde sus inicios han rehuido convertirse en una opción elitista. Con el lema de que la educación debe ser independiente de la capacidad socioeconómica, el 70% de los alumnos cuentan con una beca total o parcial para completar sus estudios.

Otro 5% son jóvenes refugiados, desplazados o que han sido víctimas de persecución. Una cifra que la organización espera aumentar para dar respuesta a la crisis migratoria desencadenada en 2015. “Es una tarea difícil porque muchos de ellos viven en lugares donde no hay embajadas de su país para conseguir un pasaporte”, lamenta Sermeño. “Sin embargo, a través de los comités nacionales de los colegios y de las asociaciones de exalumnos, se está haciendo muchísimo para tener más representación de estos alumnos”.

Del mismo modo, la meritocracia es otro de los ejes vertebradores de este tipo de colegios. Un concepto que no solo se entiende en términos académicos y que es clave para el proceso de selección de los candidatos. “No tiene que ser alguien que haya tenido todas las oportunidades, que asista a cinco o seis actividades extraescolares y que hable cinco o seis idiomas”, insiste Natascha González, exalumna y ahora coordinadora operativa de United World College en Colombia. “Hay campo para estos estudiantes, sin duda, pero se invierte mucho tiempo en identificar potencial y en descifrarlo en el contexto local. En primer lugar, importan la curiosidad intelectual y la motivación, lo cual no significa haber asistido a los mejores colegios. Interesantemente, ser bilingüe no es un requisito, y los profesores invierten muchísima energía para ayudar a aquellos estudiantes que no lo son”,  señala.

El UWC Robert Bosch, en Freiburg, Alemania, es uno de los miembros más nuevos del movimiento UWC. UWC

Los estudiantes son seleccionados localmente en 155 países en distintas fases. Primero, mediante un formulario y un vídeo explicando sus motivaciones. Una vez superada esta parte, los candidatos pasan un fin de semana en un campamento durante el cual el comité de selección les realiza entrevistas personales y observa cómo se desarrollan tanto intelectualmente como socialmente. “El comité de selección de Colombia nos iba diciendo: ‘Han pasado a la siguiente etapa’. Y al final nos dijeron: ‘Esperen tres semanas y les diremos si pasaron o no’. Estas tres semanas fueron horribles”, comenta Camilo sonriendo.

En su caso, le fue asignado el colegio de Mostar, en Bosnia-Herzegovina, un país del cual reconoce que no sabía mucho, pero que le despertó la curiosidad. “En el colegio hay una asignatura de ‘Estudios balcánicos’, donde nos enseñan la historia de la región. La ciudad donde vivo está dividida en dos lados, uno croata y otro bosnio. Un grupo étnico está muy aislado del otro, pero una vez aquí, cambia todo. La gente está muy interesada en conocer más la historia y los alumnos locales siempre están dispuestos a hablar, lo cual resulta muy enriquecedor”, destaca Camilo.

De hecho, el United World College de Bosnia-Herzegovina fue pionero por nacer con el objetivo de contribuir a la reconstrucción de una sociedad posconflicto, en este caso, la de después de las Guerras Yugoslavas. De la experiencia de integrar alumnos de bandos enfrentados y de proporcionarles herramientas para construir un nuevo país en paz, se inspira el proyecto de inaugurar un United World College en Colombia, el primero que se abriría en América Latina. “Sería una de las pocas ocasiones, por no decir la única, donde convivirían colombianos de diferentes regiones, condiciones socioeconómicas, etnias… En Colombia esto no se da”, remarca González. “En el momento en que se abriera un colegio en Colombia, esto empezaría a construir nuevos lazos. Para nosotros es muy importante pensar cómo logramos que las futuras generaciones aprendan a comunicarse y a identificarse como colombianos der manera colectiva a pesar de sus diferencias políticas”, subraya.

Los estudiantes vienen de muchas partes del mundo. UWC

Si bien en las clases los profesores ponen énfasis en la capacidad crítica, la educación en la diferencia y la formación integral, estos valores se ponen en práctica sobre todo fuera del horario escolar. Los jóvenes no solo estudian juntos, sino que también conviven en residencias, y es en estos espacios colectivos donde ponen a prueba sus prejuicios y salen de su zona de confort. “Por ejemplo, hay un chico de Palestina y una chica de Israel que son amigos. Ahí uno ve un ejemplo de un futuro en paz”, ilustra Camilo. “El año pasado mis compañeros de cuarto eran de China y de Siria. El chico siriano había vivido la guerra y todo lo que podía contar te hacía abrir los ojos y llamaba a ponerte en los zapatos del otro. En el tiempo libre en Colombia, me ponía a mirar películas o a leer, pero aquí hablas con la gente”, explica.

A través de esta integración buscada, los colegios quieren evitar la tendencia de los alumnos de juntarse con aquellos que son más parecidos a ellos, ya sea por nacionalidad o capacidad socioeconómica. “Comienzan con el simple hecho de tener que compartir cuarto con personas muy diferentes a ellos. Comen juntos, tienen que negociar cuestiones como a qué hora se acuestan, quién apaga la luz… cosas muy mundanas. Antes que ser de cualquier país son adolescentes y hay necesidades universales”, recalca Sermeño.

Clase de Humanidades en Asia del Sureste. UWC

Precisamente los fundadores de los United World College se centraron en la edad del bachillerato, entre los 16 y los 19 años, porque los jóvenes han adquirido cierto nivel de madurez, pero a su vez están predispuestos a moldear su pensamiento y recibir nuevas ideas. El cerebro pasa en esta etapa por una remodelación, en la cual a menudo reina el caos y todo se siente de manera más intensa, pero al mismo tiempo abre un terreno fructífero para la movilización social. “Cuando algo te conmueve personalmente, la capacidad de movilizarte es mucho más grande. No es que los chicos solo se sientan mal por la situación de los refugiados de Siria, sino que quieren hacer algo y tienen la oportunidad de hacerlo, puesto que el colegio fomenta este tipo de liderazgo y de activismo”, apunta Sermeño. Lo hace a través de proyectos colectivos entre los alumnos y de actividades de servicio, incluidas en el currículo escolar. De esta manera un país deja de ser un punto en el mapa para pasar a ser una persona con un nombre, una cara y una historia.

El año que viene Camilo quiere estudiar ingeniería y economía, aunque todavía no tiene claro dónde. Para estudiantes como él, los United World College se erigen como una utopía educativa en medio de la sociedad líquida de Zygmunt Bauman, lastrada por la precariedad, la desigualdad y el cambio constante. Frente al culto a lo material y al placer volátil, Camilo también cree en el activismo y la conciencia del mundo. Unos valores que amenazan con chocar con la realidad una vez salga del aula, pero que invitan a creer de nuevo en los vínculos duraderos y los compromisos a largo plazo, que hoy tienen un eco revolucionario.