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En el Líbano, empleadas domésticas al borde de la esclavitud

Por Melissa Barra

El 10 de diciembre se celebraban los 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Varios de sus artículos establecen el derecho a un trabajo digno y remunerado, al descanso, y también marcan el rechazo de la esclavitud. Pero en países como el Líbano, se les ha negado estos derechos a las 250.000 empleadas domésticas extranjeras, que viven y trabajan en condiciones infrahumanas. 

Por Melissa Barra, desde Beirut.

Todos los domingos, en un apartamento en el este de la capital libanesa, tienen lugar talleres de lenguas. Aquí, todos los estudiantes son migrantes, provenientes del sureste asiático o de países africanos. Son en su mayoría mujeres, que han venido a trabajar al Líbano como empleadas domésticas.

Aicha y Victorine aprovechan su único dia libre para aprender inglés en el Centro de Migrantes de Beirut. Ambas son oriundas de Camerún y llegaron al país hace seis años con la esperanza de ganar lo suficiente para enviar dinero a sus familias

Victorine cuenta que le retiraron su pasaporte en el aeropuerto. "Y luego, los jefes no respetan lo que está en el contrato", explica. "El salario es de 200 dólares al mes, pero trabajas mucho más de lo que se debe."

Ella y Aicha trabajan todos los días excepto uno, "de las 6 a las 23 o la medianoche. Pero todo en nuestra vida está bajo el control de nuestros patrones. Nos tratan como esclavas. Dicen que nos han comprado como mercancía y nos tratan como tal." Las dos mujeres hablan de empleadas que han tenido que alimentarse de la basura y evocan los numerosos suicidios.

El sistema "Kafala"

Hablar de sus derechos en el Líbano al descubierto es casi imposible. Todo pasa por grupos en WhatsApp. Ahí se revela la cruel realidad de estas mujeres. Es

frecuente ver pasar videos desgarradores como el de una empleada de origen etíope que se acaba de suicidar, ahorcándose. En él se ven policías descolgando su cuerpo sin ningún cuidado ni respeto. 

"Se registra uno a dos suicidios de empleadas domésticas por semana. Y como no hay investigaciones serias, algunos pueden ser homicidios disfrazados de suicidios", lamenta Wadih Al Asmar, presidente del Centro Libanés de Derechos Humanos. "Este mundo no está regido por el derecho laboral sino por un sistema de patrocinio llamado Kafala. Para ocupar puestos con menor calificación, se trae al país a personas como éstas, bajo la responsabilidad civil de un individuo o de una empresa. En general se trata de agencias, que las exponen en catálogos como si fueran máquinas de lavar la ropa."

Este defensor de derechos humanos se encarga de representar a los migrantes ante los diferentes ministerios y el Parlamento. Pero el camino hacia un mayor reconocimiento de sus derechos en la ley libanesa todavía es muy largo.

Centro de Migrantes de Beirut

Mientras tanto, el Centro de Migrantes de Beirut (MCC) trabaja desde 2011 para acoger a cientos de miles de empleadas extranjeras y para sensibilizar a la población libanesa. Rahaf Dandash coordina el centro, que busca ser "un lugar seguro" donde puedan "beber un café, tomar clases, participar en talleres y manifestarse como parte de la sociedad civil". 

El Centro de Migrantes recibe hoy en día a una comunidad compuesta por 17 nacionalidades. El racismo en el Líbano es tal que muchas de estas mujeres, en su mayoría provenientes de Sudán y de Etiopía, no pueden expresar su cultura o hablar su idioma en la calle, por miedo a ser insultadas u observadas con odio. Pero poco a poco, explica Rahaf Dandash, se empiezan a organizar pequeñas protestas públicas dentro de marchas más grandes como la del 1ero de mayo.

 

 

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