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Sanciones de EE.UU. a Irán: la precaria situación en el Estrecho de Ormuz

Por Catalina Gómez

El Estrecho de Ormuz es uno de los puntos geoestratégicos marítimos más importantes y vigilados del mundo, donde cualquier error humano puede escalar en un conflicto con grandes consecuencias. Allí, las condiciones de vida de la mayoría de la población siguen siendo extremadamente precarias.

Por el Estrecho de Ormuz transita diariamente cantidad de barcos. Por esta especie de autopista marítima se mueve alrededor del 30 por ciento del petróleo que se consume en el planeta.

De esto saben bien los pescadores de las cuatro islas iraníes ubicadas frente al Estrecho de Ormuz: “Años atrás, cuando nos alejábamos 10 millas de la costa a pescar, los helicópteros americanos estaban sobre nosotros. Esto sucedía porque Irán no debía ser tan fuerte militarmente como hoy. Pero ahora ellos definitivamente no se atreven a acercarse y siempre guardan las distancias”, cuenta Musa.

Por décadas, estos hombres se dedicaron a llevar y traer mercancías de contrabando entre Irán y otros países del Golfo, especialmente Omán, que está a menos de cuarenta kilómetros de distancia.

Pero esto se acabó desde que las autoridades iraníes empezaron a perseguir el contrabando, años atrás. “Una de las razones por las que muchos dejamos el contrabando es porque sólo solían haber dos o tres zonas libres en el país, pero ahora han aumentado. El oficio de contrabando es efectivo cuando los productos extranjeros no pueden entrar al país, de otra manera ¿quién quiere arriesgarse para traer objetos de contrabando?”, prosigue Musa.

En 2016, se transportaron por el estrecho 18.5 millones de barriles de petróleo diariamente, pero la riqueza que trae consigo el negocio del crudo está lejos de reflejarse en estas islas iraníes donde las condiciones de vida de la mayoría de la población siguen siendo extremadamente precarias.

Todos estos problemas se agudizan en épocas de crisis económica, como la que atraviesa Irán actualmente. Esta fue la razón que llevó a que Robobé decidiera aceptar el trabajo que le ofrecieron en un café, uno de los pocos que se han abierto en la isla de Ormuz en los últimos años: “Mi esposo aceptó con la condición de que sólo podía trabajar ocho horas y luego tendría que regresar a casa para hacer la comida y demás”, explica.

Las tradiciones en esta región de Irán, y de todo el Golfo Pérsico, han sido históricamente duras con las mujeres. Hasta hace poco se casaban cuando apenas eran unas niñas, y en muchos casos todavía se les prohíbe salir a la calle sin la compañía de un hombre. Pero en esta isla la llegada del turismo y las dificultades económicas de muchas familias les ha dado la oportunidad de integrarse en la vida social.

Zeinab, con sus 13 años, aprendió a hacer muñecas tradicionales de su abuela. Los trabajos artesanales se venden en un pequeño bazar. Con las ganancias de estos negocios, mujeres como Ameneh intentan sostener a sus familias o a sus maridos: “La situación es dura, no tenemos ayuda del gobierno. Por ejemplo, casi todos los jóvenes están desempleados. Si hay trabajo en el mar, pues trabajan. Pero si no, se quedan durmiendo en casa, lamenta Ameneh.

Algunos allí tienen la edad suficiente para recordar cómo ha cambiado la vida desde los tiempos anteriores a la Revolución Islámica de 1979, cuando Irán era cercano a los Estados Unidos. El señor Golam recuerda que algunas veces llegaban en sus barcos y solían jugar al fútbol, aunque “en aquel entonces aquí no había nada, no había agua, ni electricidad”.

Algunos militares iraníes han amenazado con cerrar el Estrecho de Ormuz si el país no puede vender su petróleo, tal como lo contemplan las nuevas sanciones que entraron en vigor durante los primeros días de noviembre.

Este tipo de advertencias no son nuevas para los isleños. Amenazas parecidas se han hecho en el pasado, sin gran consecuencia hasta el momento. Para Mosafar, “Saddam decidió empezar una guerra contra Irán y durante ocho años no pudo vencernos. Estados Unidos nos lleva poniendo sanciones durante cuarenta años y no ha podido hacer nada”.

Las fotos de los mártires de la guerra con Irak decoran la vía principal de la isla de Ormuz. De todas estas islas iraníes, esta fue la que más hombres envió a esta guerra y también fue la que más mártires puso.

Pero donde más se siente la memoria de aquella guerra y la tensión militar del estrecho es en Larak. Aquí los restos de la guerra con Irak siguen presentes. Los montículos de tierra y los búnkeres donde se protegían los soldados permanecen intactos.

“Este shelter fue construido hace muchos años como es obvio, las paredes incluso están un poco destruidas”, comenta Mohamad, uno de los 400 habitantes. Larak sigue siendo considerada la isla fronteriza más estratégica para la seguridad iraní. Tiene una base militar y parte de la isla no puede ser visitada por restricciones de seguridad.

“Al frente mío está el estrecho de Ormuz, que es objeto de discusiones en el momento, y Larak está en el medio de todo esto. Pero la gente vive aquí con las facilidades más mínimas. Se puede incluso decir que viven en las peores condiciones”, subraya Mohamad.

Sus habitantes aseguran que nunca trabajaron en contrabando, pues a diferencia de los otros isleños ellos tienen condiciones diferentes. Todos son sunitas con lazos de sangre con otros países del Golfo y desde el comienzo de la revolución el Estado iraní hizo una concesión con ellos de darles condiciones especiales.

Ésta es la única isla donde se ven las famosas lanchas rápidas de los guardias revolucionarios que, si bien son la herramienta más útil de los iraníes para proteger el estrecho, también son vistas con sospecha por los navíos militares estadounidenses que han denunciado haber sido instigado por estas motoras.

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