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Emerge de tierra palestina la moderna Rawabi

Por Beatriz Lecumberri

Rawabi, así se ha bautizado una ciudad palestina en construcción entre Ramala y Jerusalén. Este proyecto aparece como un negocio ambicioso para unos o una quimera para otros. Pero para sus impulsores se ha convertido en el sueño de una Palestina moderna y prospera que podría contribuir a la construcción de un futuro Estado.

Bashar al Masri, un rico empresario palestino, es, como él mismo se define, el “padre” de Rawabi -que en árabe quiere decir ‘colinas’. Desde 2007, Rawabi es para él mucho más que un negocio.

“Rawabi es parte de la construcción nacional. Estamos en ese proceso más allá de los altibajos de la política. Somos palestinos, no somos israelíes, no somos nada más. Estamos construyendo un Estado, es algo que está ocurriendo, da igual quién nos reconozca o no. Es sólo cuestión de tiempo de que lo logremos”, afirma.

Al Masri y un fondo público de Qatar financian desde 2007 la construcción de esta ciudad nacida de la nada, en una zona desierta de Cisjordania que está bajo control de la Autoridad Palestina, es decir en la llamada zona A, que representa menos del 20% de la superficie de Cisjordnia, ocupada por Israel desde 1967.

>> Lea nuevamente: "Israelíes y palestinos o la imposibilidad de un Estado binacional"

Es la primera ciudad palestina planificada desde cero, sin historia, sin raíces. Aspira a ser dentro de siete o diez años una ciudad moderna de unos 40.000 habitantes, una localidad limpia, ecológica, laica que atraiga negocios y empresas.

“El proyecto es construir en un primer momento 6.000 casas en 22 vecindarios. Los precios son entre 20 y 25% más baratos que en Ramala y las casas cuestan entre 70.000 y 200.000 dólares”, explica Jack Nassar, de la Fundación Rawabi.

Pero en Rawabi cuesta mucho convertir los planes en realidad y las dificultades derivadas de la ocupación israelí retrasan las obras y la instalación de vecinos, multiplican las pérdidas e inundan por momentos de pesimismo a Masri y su equipo, que han estado al borde la bancarrota en varias ocasiones. El primer problema es el agua, cuya distribución es controlada por Israel en toda Cisjordania.

Cuando las primeras familias comenzaron a mudarse a Rawabi, la falta de agua corriente paralizó todo durante año y medio. Hoy en día la ciudad tiene el agua que necesitan las casi 5.000 personas que viven en ella pero la cuota entregada por Israel debe aumentar en los meses venideros ante la llegada de otros centenares de familias y nuevas empresas.

El segundo problema es el retén militar israelí situado entre la ciudad y Ramala, capital de facto de las finanzas, la política y la cultura palestinas. Este punto de control hace que muchos palestinos de Ramala tengan miedo de mudarse a Rawabi. A estos dos problemas se une un tercero: la necesidad de construir otra carretera de acceso a esta nueva ciudad para evitar pasar por este retén, pero Israel no concede el permiso necesario.

“La cuestión de Rawabi ha estado en las agendas de la administración Obama y de la administración Trump. Desgraciadamente no han tenido éxito. El último intento lo ha protagonizado el enviado de Trump para Oriente Medio Jason Greenblatt, ante el que mencionamos el problema de la carretera. Sé que él lo planteó después a altos miembros del gobierno israelí y la cuestión llegó al gabinete del primer ministro Benjamin Netanyahu pero se rechazó de nuevo. Es decir, cero progresos”, lamenta Masri.

Una ciudad fantasma

La ciudad ha reunido a palestinos que viven en Israel, palestinos de diferentes puntos de Cisjordania y de la diáspora, la mayoría familias jóvenes de clase media-alta. Un impresionante centro comercial con varias marcas extranjeras acaba de abrir sus puertas hace algunos meses. Sin embargo, al recorrer las calles de Rawabi hay un silencio impresionante, una desoladora sensación de ciudad fantasma. Un sentimiento que Al Masri se esfuerza en desterrar.

“Rawabi ya se ha convertido en un gran destino no solo para los residentes sino para los palestinos en general, que tienen pocas posibilidades de ocio o de lugares donde ir en su tiempo libre. Vengan aquí un fin de semana y verán de qué estoy hablando. Llegamos a recibir hasta 8.000 personas. Algo maravilloso”, afirma.

Rawabi aspira a convertirse en un polo tecnológico, un lugar donde se concentre el sector de las telecomunicaciones y las empresas de vanguardia palestinas. Masri afirma que la ciudad generará en los próximos dos años hasta 3.000 nuevos puestos de trabajo en el sector.

“Hemos tenido una grave fuga de cerebros. Desde 1967 es increíble el número de gente que se fue de Palestina. Pienso que podemos desempeñar un importante papel en conservar la gente válida en el país, los necesitamos porque estamos construyendo un país”, asegura.

Difícil saber si Rawabi será un día la vitrina de Palestina, un destino turístico, y una ciudad moderna que compita con otras de oriente medio. Por ahora, esperanza y resistencia son dos palabras que se repiten en boca de sus fundadores y habitantes.