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Francisco en Egipto: una visita contra el extremismo

Fue una visita corta pero cargada de simbolismo. Las poco más de 24 horas que el Papa Francisco pasó en El Cairo reforzaron una imagen de solidaridad y de acercamiento entre el catolicismo y el Islam, cuando la comunidad copta de Egipto sufre la violencia de los radicales.

De nuestra colaboradora en El Cairo, Nuria Tesón

La importancia histórica y simbólica de su paso por este país de mayoría musulmana tardará tiempo en desaparecer. El Pontífice cuenta con fortalecer los lazos con la comunidad islámica en un momento de máxima tensión en el que los cristianos de Oriente medio están siendo acosados y asesinados. Sus primeras horas en Egipto estuvieron marcadas por ese deseo de acercarse a los musulmanes en busca de un diálogo que permita prosperar un discurso moderado desde las mezquitas, que no incentive los radicalismos. En su discurso en la Conferencia de paz en la que participó junto al gran Imam de la Mezquita de Al-Azhar, el sheikh Ahmed el Tayeb recalcó la importancia de la educación como vehículo de cambio.

“Educar, para abrirse con respeto y dialogar sinceramente con el otro, reconociendo sus derechos y libertades fundamentales, especialmente la religiosa, es la mejor manera de construir juntos el futuro, de ser constructores de civilización”, dijo Francisco. “Porque la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro”, agregó el pontífice en un discurso dirigido a una asamblea de distintas confesiones religiosas que fue interrumpido en varias ocasiones por los aplausos.

Sus palabras, además de buscar ese acercamiento a la comunidad musulmana estaban también encaminadas a sembrar esperanza y consuelo en el corazón de los aproximadamente 10 millones de cristianos que viven en Egipto. Con esa intención durante la tarde, el Pontífice se reunió con el líder de la Iglesia copta Tawadros II al que visitó en la catedral de San Pedro que fue objetivo terrorista el pasado diciembre.

Allí el Santo Padre firmó una declaración conjunta con su homólogo egipcio en la que destacaron que “cuando los cristianos oran juntos, se dan cuenta de que lo que los une es mucho más de lo que los divide”.

El Papa Francisco dedicó su última jornada a los poco más de 100.000 fieles católicos que residen en el país del Nilo. Ofició una homilía ante decenas de miles de egipcios que le recibieron con vítores, cantos y banderas. El líder de la Iglesia católica llegó en un Fiat sin blindar, con la ventanilla bajada y saludando a su paso que le brindaron una calurosa acogida.

El hecho de que haya rechazado viajar en un vehículo antibalas es especialmente significativo dado el nivel de amenaza terrorista en Egipto. El Pontífice, sin embargo hizo saber antes de su llegada que no se sentía más amenazado aquí que en cualquier otro país, a pesar de los dos atentados contra iglesias que a principios de mes dejaron casi 50 muertos en Tanta y Alejandría. El Estadio de las fuerzas aéreas donde se celebró la Eucaristía sin embargo estuvo absolutamente blindado, con helicópteros sobrevolando, tanquetas militares y policías apostados cada pocos metros en las vías de acceso al lugar.

Aunque muchos en Egipto creen que en la práctica, la visita del pontífice no servirá para mejorar la situación de los cristianos, el encuentro con el gran imam de Al-Azhar, su llamada a los líderes religiosos musulmanes a moderar el discurso radical y su apoyo a la Iglesia copta ortodoxa, tardarán en ser olvidados.

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