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Belén, Navidad a la sombra del muro

Por Beatriz Lecumberri

Una pared de más de 700 km de hormigón serpentea por toda Cisjordania. Los 130 km que separan Belén de Nazaret están recorridos por retenes militares que complican la libre circulación de los palestinos. Los cristianos de Palestina se preparan para celebrar otra Navidad a la sombra del muro.

Un año más Belén se ha vestido de fiesta para celebrar el 24 de diciembre. Hace tres semanas, la ciudad palestina iluminaba su árbol de Navidad ante miles de personas. El ambiente era entrañable y festivo. Cristianos y musulmanes, palestinos y extranjeros se unieron en esta celebración que eclipsó por algunas horas las dificultades de la vida cotidiana de los habitantes de Belén.

Porque, echando a volar la imaginación, sería muy difícil por no decir imposible que Jesús naciera en 2016 en el pesebre de Belén. Los 130 kilómetros que separan a esta ciudad de Nazaret, que según los Evangelios José y María recorrieron, son hoy en día un trayecto salpicado de obstáculos: retenes militares, campos de refugiados palestinos, colonias israelíes y finalmente el muro de separación que limita la vida de miles de palestinos. Y aunque Jesús consiguiera nacer en Belén, no podría ir libremente a Jerusalén, situada a 10 km, al igual que la mayoría de los habitantes de la ciudad palestina.

El muro ha separado tristemente Jerusalén de Belén, dos ciudades tradicionalmente unidas. Y esa barrera es aún más visible y dolorosa en Navidad.

“Jamás en nuestra historia la carretera en Jerusalén y Belén ha estado cerrada. Siempre estaba abierta”, dice el sacerdote palestino Jamal Jader. “Como cristianos no podemos separar Belén, donde Jesús nació, de Jerusalén donde murió y resucitó. El muro afecta mucho la vida de la gente de Belén. Afecta la economía, el turismo, la libertad de movimiento y la libertad de culto para ir libremente a Jerusalén.”

El muro forma parte de la vida de los habitantes de Belén desde 2004. La pared de hormigón, de más de 700 km, serpentea en torno a Jerusalén y por toda Cisjordania. Según organismos internacionales, un 80% de su trazado se sitúa en tierra palestina. Hoy es más fácil para un turista mexicano o chino visitar los lugares santos que para un palestino de Belén ir a rezar a Jerusalén.