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El drama de los refugiados sirios en el Líbano, una bomba de tiempo

Por RFI

Desde 2011, la guerra en Siria se ha cobrado más de 250 000 vidas y obligado al exilio a 5 millones de personas que buscaron seguridad del otro lado de la frontera. Pero el éxodo masivo se ha convertido en una verdadera pesadilla en Líbano, tanto para los habitantes del pequeño país como para los refugiados, que subsisten en condiciones paupérrimas.

Un reportaje de Melissa Barra.

Al este del Líbano, en la región de la Becá, a solo 10 km de la frontera con Siria se encuentra un pequeño campo de refugiados llamado Aly Askar. Hace cuatro años, cerca de quince familias se instalaron en este espacio, en los límites de un pueblo libanés llamado Bar Elias. “Decidimos huir de Siria para proteger a nuestros hijos y porque ya se estaba volviendo imposible sobrevivir”, explica Wael, padre de familia y residente del campo. En 2012, el ejército sirio inició un bombardeo sobre la ciudad de Homs, de donde son provenientes los habitantes de Aly Askar, destruyendo una gran parte de la ciudad. Hoy en día, esta ofensiva se conoce como la masacre de Homs, uno de los episodios más trágicos de la guerra.

“Decidimos venir al Líbano porque ya sabíamos cómo era la situación aquí, porque queda muy cerca de Siria y porque en la época era el único país que no nos pedía ningún tipo de identificación o visa para entrar.” Wael forma parte del millón y medio de sirios que se han refugiado en el Líbano, un país en el que, antes de la guerra siria, vivían aproximadamente 4 millones de habitantes.

ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, tienen como misión de proporcionarles asistencia legal, alojamiento, víveres y servicios de salud. Pero esta organización internacional sufre de un déficit dramático de recursos. Por un lado, ACNUR insiste en que solo el 61% de los fondos necesarios a la ayuda humanitaria han sido recaudados. Por otro lado, el papel que juega por el Estado libanés frente a los refugiados se ha limitado a una simple tolerancia de su presencia.

Esta situación ha hecho que el 70% de refugiados sirios en el país viva bajo el umbral de la pobreza, recibiendo 70 centavos de dólar al día.

Durante el verano, Aly Askar se convierte en un horno al aire libre. Unas cuantas frágiles y pequeñas tiendas de campaña componen este campo y no hay casi sombra. Sus habitantes necesitan más agua de la que se les está suministrando actualmente. Frial vive en el campo de Aly Askar y es madre de tres niñas. En el baño de su vivienda, todas las botellas de agua están vacías: “mis hombros me están matando de tanto cargar galones, ya que tenemos que ir y traer los galones de agua potable desde lejos”. Algunos de los residentes de Aly Askar han desarrollado llagas en todo el cuerpo por bañarse con agua contaminada. Una pequeña ONG española llamada Rescate trata de abastecer el campo con agua potable y otros víveres básicos.

Más allá de las emergencias diarias, uno de los problemas mayores que enfrentan estos refugiados está relacionado con la legalidad de su estatuto de residencia como refugiados. Bassam Khawaja trabaja para la ONG Human Rights Watch (HRW) Él explica que “en enero de 2015, el gobierno libanés implementó una nueva reglamentación que hace muy difíciles las condiciones de entrada al territorio libanés para los Sirios. Simplemente se cerró la frontera para los refugiados.” Desde entonces, el procedimiento de renovación de su estatuto de residencia se ha vuelto más complicado. Cada año, todo refugiado de más de 15 años tiene que pagar 200 dólares para poder vivir legalmente en el Líbano.

Sin papeles, los refugiados no pueden trabajar en el territorio libanés. Muchos de ellos aceptan salarios miserables trabajando clandestinamente, lo cual ha favorecido abusos de parte de empleadores libaneses. Wael se dice víctima de estos maltratos y afirma que los trabajadores Sirios son tratados “como animales”.

Pero los adultos no son los únicos en sufrir las consecuencias de la reforma del estatuto legal de los refugiados en el Líbano. Cerca de 250.000 niños sirios han quedado por fuera del sistema educativo libanés, aunque el país haya firmado la Convención internacional sobre los Derechos del Niño, que lo obliga a darles acceso a las escuelas públicas. Según las investigaciones de HRW, “muchas barreras siguen manteniendo a los niños fuera de clases”, explica Bassam Khawaja. “Primero que todo, aunque las escuelas sean públicas y gratuitas, algunos rectores les imponen a los sirios requisitos adicionales como sus permisos de residencia, certificados de vacunación o documentos provenientes de sus escuelas en Siria, que no pudieron traer con ellos.”

Muchos libaneses manifiestan una xenofobia latente contra la población refugiada y acusan a los sirios de sofocar la frágil economía del país. Carole Al-Sharabati es directora del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Saint-Joseph de Beirut. Afirma que, efectivamente, “toda la infraestructura, la electricidad, el agua, las carreteras, todo ha sido desgastados al extremo”. Por otro lado, “el Estado libanés no cuenta con los medios suficientes para satisfacer las necesidades generadas por la llegada masiva de refugiados.”

Sin embargo, desde el principio de la guerra en Siria, la comunidad internacional no ha dejado de apoyar financieramente al Líbano. La Unión Europea, por ejemplo, le ha otorgado al país una ayuda de 550 millones de euros. El problema real radica en la capacidad del Líbano para administrar de manera transparente estos fondos. Carole Al-Sharabati comenta: “debemos determinar en qué medida nuestra gobernanza permite que la ayuda internacional sea realmente orientada a mejorar las condiciones de los refugiados”.

Países como el Líbano, Turquía, Jordania e Irak soportan el mayor peso demográfico de la crisis siria. Entre los cuatro han acogido a más de 90% de los 4.6 millones de refugiados. En Europa, Alemania es el país que más ha acordado asilo a víctimas de la guerra en Siria: actualmente acoge 600 000 refugiados.