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Francia chalecos amarillos

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Danielle, ‘chaleco amarillo’: retrato de una francesa indignada

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El "chaleco amarillo", símbolo del movimiento contestatario francés. REUTERS/Benoit Tessier

Mientras se prepara el acto 9 de la movilización del chaleco amarillo, RFI esboza el retrato de uno de estos franceses que se rebelan contra la política social del gobierno. Más precisamente, la de una mujer francesa movilizada desde el inicio de la protesta. ¿Cuáles son sus dificultades y las razones de su participación en el movimiento?


Por Grégoire Sauvage

En Mesnil-Saint-Denis, una pequeña ciudad residencial a unos treinta kilómetros de París, en una calle tranquila donde las casas se alinean una tras otra, un coche no pasa desapercibido con su chaleco amarillo colocado de forma prominente en el salpicadero. Aquí es donde vive Danielle, en la casita que pasó veinte años renovando. En la televisión, los canales de noticias en continuado transmiten una y otra vez las imágenes de violencia de la manifestación del 5 de enero en París. "Estos medios de comunicación están al servicio del gobierno, pero yo los miro para ver hasta dónde pueden llegar", explica Danielle con voz clara y tranquila.

Una vida cotidiana "no miserable", sino "pequeña"

Divorciada, con dos hijos, esta rubia veneciana de ojos azules trabajó como gerente de pago en una gran empresa. Se retira a finales de mes con cierta aprensión. "Todavía tengo a mis padres que tienen 86 y 90 años. Mi padre está postrado en la cama. Mientras seamos autónomos, todo está bien. Vivimos con poco, pero no es miseria. Pero ahora temo que necesite ayuda para una salud deficiente y eso me asusta", admite Danielle.

Debería cobrar entre 1.500 y 1.600 euros al mes. La joven jubilada se considera una persona privilegiada en comparación con otros "chalecos amarillos". Sin embargo, es muy cuidadosa con sus gastos. "No me voy de vacaciones porque eso significa reservar un hotel o un alquiler. ¡Eso no es posible! No voy a la peluquería, ni a la manicura ni a la estética y no compro ropa cara...". Su cartera también está llena de tarjetas de regalo y cupones: "Si puedo pagar menos, vale la pena".

La clase media contra las élites

Fue el sentimiento de injusticia lo que llevó a Danielle a involucrarse en el movimiento de los "chalecos amarillos". Miembro de la clase media, esta trabajadora desde los 16 años ya no puede permitirse el lujo de pagar impuestos, mientras que otros disfrutan, según ella, de beneficios o incluso de privilegios. Cita como ejemplos a diputados, senadores y altos funcionarios públicos. "Aunque sólo sea a nivel de prefectos. Tienen altos salarios que probablemente se merecen. Pero también es importante saber que estas personas son alojadas a expensas de la sociedad, tienen un chofer, una señora de la limpieza... ¡la vida no les cuesta mucho! La gente podría haber seguido bajando la cabeza y dejándose gravar y pagar más impuestos por el combustible, excepto que Emmanuel Macron se burló de ellos. Pensaba que la gente era tonta. Ahora ya no puede decir nada. Ya es demasiado tarde para él," termina soltando con un fuerte estallido de risa.

Danielle, que se define como un "chaleco amarillo" moderado, no espera nada del gran debate nacional convocado por el Presidente de la República, como tampoco espera nada de la clase política. No ha votado en una elección presidencial desde la década de 1980 y le gustaría que se reconociera el voto en blanco. En un rincón de su sala de estar, recubierto por símbolos budistas e hindúes, hay una gran pila de folletos sobre el Referéndum de la Iniciativa Ciudadana (RIC, por sus siglas en francés) a la espera de ser distribuidos. Puede leerse en mayúsculas: "Establezcamos por fin una democracia verdadera".

Devolver el poder a la gente

La principal reivindicación del movimiento, el RIC, permitiría, bajo ciertas condiciones, que se celebraran votaciones para enmendar la Constitución, proponer o derogar una ley o destituir a un representante electo. "Tomo el directorio y busco imprentas locales y les pregunto si apoyarían a los "chalecos amarillos" imprimiendo volantes. Es la segunda vez que me dicen que sí. ¡Tengo más de 1.000 volantes ahora! "En las redes sociales o en el terreno, Danielle se ha fijado el objetivo de difundir en la medida de lo posible informaciones sobre este referéndum. "Esta es la misión que me he dado a mí misma, en mi propia y pequeña escala”, cuenta.