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Francia chalecos amarillos Emmanuel Macron

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‘Chalecos amarillos’: ‘Nos dieron migajas y ahora queremos la baguette’

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Un "chaleco amarillo" protesta con una bandera que cita la Marsellesa: "A las armas, ciudadanos", el 4 de diciembre de 2018 en la carretera que une París Con Bruselas en Fontaine-Notre Dame. Fuente: Reuters.

Empantanado en la crisis desencadenada por el movimiento de los "chalecos amarillos", el gobierno francés dio marcha atrás el martes anunciando la suspensión de un controvertido aumento de los impuestos sobre el combustible para "apaciguar el ánimos", pero sin convencer a muchos manifestantes, que prometen seguir protestando.


Por primera vez desde que llegó al poder, el presidente francés Emmanuel Macron se vio obligado a retroceder. Este martes, el gobierno anunció la suspensión de varias medidas fiscales para intentar salir de la crisis provocada por las protestas de los "chalecos amarillos", que han derivado en violentos enfrentamientos. Sin embargo, varios representantes del movimiento consideran que las medidas son insuficientes por siguen convocando a nuevas movilizaciones.

La concesiones anunciadas por el primer ministro, Édouard Philippe para "restaurar la paz y la serenidad en el país”, consisten en suspender durante seis meses del alza de un impuesto a los combustibles, la congelación de los precios de la luz y el gas durante el invierno y el abandono de un plan para endurecer las revisiones técnicas de los coches antes del verano.

Pero las medidas anunciadas, enfocadas en el detonante de la crisis, no parecen convencer a la mayoría de los “chalecos amarillos”. Mientras que dos bloqueos de depósitos de petróleo han sido levantados, en Brest y Lorient (oeste), por manifestantes que consideran "satisfactorias" las concesiones del ejecutivo. Sin embargo, otras medidas de fuerza persisten y representantes del movimiento prometen continuar con las protestas.

Benjamin Cauchy, una de las figuras del movimiento "chalecos amarillos", dio la bienvenida a un "primer paso" con la moratoria. Pero "los franceses no quieren migas, quieren toda la baguette", recalcó.

“Intentan dormirnos. Quieren que nos vayamos a nuestras casas, pero no nos vamos a mover de aquí", dijo por su parte Lionel Rambeaux, un soldador, en un piquete a la salida de la ciudad de Le Mans (oeste).

Éric Drouet, uno de los portavoces más visibles de los "chalecos amarillos", llamó a los franceses a "regresar a París" el sábado y congregarse "cerca de los lugares del poder, los Campos Elíseos, el Arco de Triunfo y la plaza de la Concordia", frente a la Asamblea Nacional.

La gente está cada vez más motivada, se está organizando, seremos aún más numerosos", afirmó.

"La dinámica del movimiento es tal que no es seguro que las medidas anunciadas puedan detenerlo", opinó por su parte Jérôme Sainte-Marie, politólogo de la encuestadora PollingVox.

Macron, impopular y abucheado

El presidente Emmanuel Macron, que de momento ha evitados expresarse sobre la crisis en público, realizó el martes una visita sorpresa a la prefectura de Le Puy-en-Velay, en el este de Francia, que había sido incendiada el sábado tras un mitin de "chalecos amarillos".

La visita, que se llevó a cabo lejos de las cámaras de los medios tradicionales, fue captada por el público presente, que divulgó en las redes sociales cómo el mandatario era abucheado al grito de “Macron dimisión”.

El mandatario enfrenta el mayor movimiento de protesta contra su gobierno con su popularidad por los suelos. Según una encuesta de Ifop-Fiducial, el nivel de adhesión a su persona se encuentra en un piso histórico (23%, -6).

Mientras espera que las medidas anunciadas surtan algún efecto, el gobierno se prepara para el “Acto IV”, como lo llaman los “chalecos amarillos”: una nueva manifestación este sábado en el corazón de la capital francesa .El ministro del Interior, Christophe Castaner, anunció que desplegará más fuerzas del orden el sábado, después de que la oposición estimara que se minimizó la movilización del pasado fin de semana.