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El inesperado perfil de los ‘chalecos amarillos’ juzgados por vandalismo

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La Policía detiene a un "chaleco amarillo" durante las manifestaciones del 1 de diciembre de 2018 en París. Abdulmonam EASSA / AFP

Cuarenta y ocho horas después de la violencia del sábado, que marcó el día de la movilización de los "chalecos amarillos", llegó el momento de la respuesta judicial. En el Tribunal Penal de París, el número de audiencias se ha duplicado para hacer frente a la considerable afluencia de acusados.


Por Pierre Olivier, enviado especial de RFI al Tribunal Correccional de París

En el espacio de los acusados, las siluetas están de pie, son a menudo juveniles, a veces tienen aspectos rudos. Sólo hay hombres de entre 20 y 40 años, la mayoría de ellos de treinta y pico. Socialmente insertados, trabajan y viven en provincia, lejos de París. Algunos no vinieron solos: en los bancos del tribunal, padres, hermanas, hermanos, hermanas, compañeros, amigos. Como si fuesen una sola persona, se ponen de pie cuando ingresa la corte.

Bajo el moderno revestimiento de madera beige de la sala abarrotada, muchos periodistas, pero también vecinos parisinos. Algunos residentes de los barrios devastados el sábado pasado también se apersonaron. Anne-Marie y su marido viven en la avenida Kléber. Con un abrigo de piel sobre la espalda, se muestra sorprendida: "¡No parecen vándalos!”

Una honda "por si acaso"

El presidente del tribunal cede la palabra al primer acusado: Jérôme J., nacido el 2 de enero de 1992, de 26 años, vive en la región de Nièvre. Mientras lo revisaban junto a "chalecos amarillos", un casco de bicicleta, una máscara de esquí y una honda fueron encontrados en su mochila, dijo el magistrado. Tiene la palabra el acusado. Su abogado endereza el micrófono, demasiado alto para su cabeza. Jérôme explica: "El casco de bicicleta y la máscara de esquí, señor, era para protegerme de los gases lacrimógenos. La honda era para devolver los perdigones de gas lacrimógeno, por si acaso. Silencio en la reunión, el presidente se sumerge en el expediente.

"No hay mucho" en los expedientes, repetirán los abogados de los acusados a lo largo de este primer día de comparecencias inmediatas. Durante una pausa, explica la madre de uno de ellos, en medio de un sollozo: "Es la primera vez que mi hijo participa en una manifestación... Las parejas jóvenes ya no pueden vivir, todo el mundo está harto, y son ellos.... ¡Es mi hijo el que será acusado de ser un vándalo!”.

Sin embargo, el tribunal tiene sus razones para juzgarlo: estos jóvenes no están allí porque querían manifestarse -que es un derecho fundamental, recuerda el presidente del tribunal-, sino porque estaban reunidos en grupos y es probable que cometieran actos de violencia. Las pruebas, según el tribunal, están en las mochilas de los acusados.

Las mismas escenas se repiten toda la tarde. En el banquillo de los acusados se suceden un carnicero, operarios, un técnico, trabajadores temporales. Explican que tienen trabajo. A menudo tienen hijos, a veces una esposa, y han venido a París para expresar su insatisfacción.

"Él no es un vándalo, pobre"

El carnicero, de 47 años, un poco por encima de la edad media de aquel día de apariciones, explica: "Si tenía un cuchillo en la bolsa, un Opinel, era para comer algo, para cortar mi salchicha, no para herir a nadie. Soy carnicero, pero trabajo en un matadero, gano 1.200 euros al mes. En la sala, contienen las risas. Los parisinos de la avenida Kléber que vinieron a ver a sus alborotadores tragan saliva. "Él no es un vándalo, pobre", dicen.

Es el turno del fiscal para reiniciar la audiencia. "Estabas borracho cuando arremetiste contra una tropa de CRS (policía militarizada) solo, para ‘despejar el camino’, ¿ésas son tus palabras?, "le pregunta. "Sí", respondió el carnicero, antes de explicarse: "No vengo a París muy a menudo, así que me tomé una copa. ¿Es eso ilegal?”.

En la sala 2.3, vuelven a estallar las carcajadas. En el sector de los acusados, el carnicero de los Altos Alpes también se divierte. El presidente sonríe. La abogada toma la palabra para explicar que su cliente no es el vándalo que nos gustaría que fuera. Las actas dicen que él y otros fueron arrestados a las 10:50 de la mañana del sábado, "mucho antes de que se produjeran los disturbios que se han extendido por todo el mundo".

Siete acusados fueron juzgados antes de las 17hs

Después de un nuevo receso, es el turno de otros jóvenes de desfilar en el palco de los acusados. Los discursos de disculpas a veces se mezclan con el odio a las instituciones. Los reclamos de "chalecos amarillos" ahogan discursos más personales. En el público, hay un intercambio de miradas, los habitantes de la avenida Kléber suspiran: "Son niños". Los abogados insisten con su estrategia. "¿Se puede considerar una honda como un arma si se encuentra en el fondo del bolso de una persona que vino a manifestarse desde su provincia y tenía miedo de ser atacada en París? ", preguntan.

Entonces, de repente, la justicia se expide. En la sala 2.3 antes de las 17hs, siete acusados habrán sido juzgados. Dos de ellos prefirieron aplazar sus sentencias a una fecha posterior, hasta el próximo 7 de enero. Todos los demás fueron condenados a varios meses de prisión, a menudo en libertad condicional, a veces con prisión efectiva. En los pasillos vacíos, los abogados y familiares de los acusados deploran el fallo: "Querían dar el ejemplo para disuadir a los próximos "chalecos amarillos" de venir a París el próximo sábado". Los habitantes de la avenida Kléber, aunque devastados por el estado de su barrio, tampoco están de acuerdo: "No esperábamos encontrarnos con ellos”.