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Francia chalecos amarillos Emmanuel Macron

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Chalecos Amarillos: reclamos heterogéneos y cada vez más ambiciosos

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Distintos reclamos de los "chalecos amarillos", el 24 de noviembre de 2018. Bertrand GUAY / AFP

El movimiento que empezó como una protesta contra el alza de los impuestos a los carburantes ha evolucionado con el correr de los días, diversificándose y radicalizándose, al punto de incluir en sus exigencias la disolución del Senado o la renuncia del presidente francés.


El detonante fue el alza programada de los carburantes para el 1 de enero de 2019, pero rápidamente, a través de las redes sociales, el movimiento de los “chalecos amarillos” empezó a canalizar un descontento generalizado frente a la pérdida del poder adquisitivo y un malestar más profundo, que llega a cuestionar el sistema de gobierno y exigir la dimisión del presidente Emmanuel Macron.

Caracterizado por la horizontalidad, falta de estructura y de líderes reconocibles que funcionen como interlocutores, el movimiento se revela extremadamente heterogéneo tanto por sus militantes como por sus reclamos. El rechazo del alza de los carburantes se convirtió en un cuestionamiento global de la política tributaria del gobierno, que muchos consideran que favorece a los más ricos. Tres semanas después de las primeras manifestaciones, las exigencias fueron mucho más allá.

En el recientemente creado sitio oficial “La France en Colère”, que funciona como una plataforma de las distintas ramas del movimiento, se pide la creación de una Asamblea de Ciudadanos en la que se estudien distintas propuestas votadas en internet.

Algunos de los reclamos recogidos y discutidos por los militantes: aumento del salario mínimo, preservación de los servicios públicos, como oficinas de correo o pequeñas líneas ferroviarias, pero también cuestiones de índole institucional, como la supresión del Senado, que los ciudadanos puedan promulgar directamente leyes o que los votos en blanco sean computados en las elecciones locales. En el plano ecológico: prohibición del glifosato, mientras proponen un abandono de la renovación del parque automotor por vehículos eléctricos. Entre las propuestas más difusas, “el acceso a la cultura para todos”, al tiempo que se estudia terminar con “cultura del asistencialismo” del Estados hacia los ciudadanos.

Estos reclamos no son exhaustivos ni compartidos con todos. Asimismo, en las manifestaciones callejeras, la exigencia de la dimisión del presidente francés se ha vuelto cada vez más insistente.

Entretanto, los partidos políticos, recibidos este lunes por el primer ministro Édouard Philippe, hacen oír sus propias propuestas. La dirigente ultraderechista Marine Le Pen y el líder de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon coinciden en la necesidad de disolver la Asamblea Nacional y convocar a elecciones anticipadas. Por su parte, el partido conservador Les Républicains pide un referendo sobre la fiscalidad ligada a la transición energética.

Sin embargo, tanto los partidos políticos como los sindicatos por lo pronto miran desde afuera la movilización que, con sus contradicciones, avanza sin tener las estructuras tradicionales del diálogo político. El carácter proteiforme de los “chalecos amarillos” es su principal fuerza, capaz de canalizar todos los descontentos, lo que implica un rompecabezas para el gobierno, que no cuenta con un interlocutor único y legítimo para negociar una agenda demasiado difusa.