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La euforia del 98 se apodera de los franceses

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Los franceses estallan de alegría en París tras vencer a los belgas y pasar a la final por tercera vez en 20 años. REUTERS/Gonzalo Fuentes

Tras la victoria frente a Bélgica (1-0) y el paso a la final del Mundial de futbol, los franceses entraron en otra dimensión y están persuadidos de que el domingo volverán a ser campeones, como en el 98. Reportaje en un bar parisino a punto de estallar la alegría.


Por Ana García Valdivia

Este martes Paris se tiñó de azul rojo y blanco desde horas antes del partido. A las siete de la tarde ya era difícil acceder al metro, nadie se quería quedar en casa. Metros de cola para entrar en los bares, terrazas abarrotadas y poco tráfico, el espectáculo estaba servido.

Son las ocho, comienza el partido. "¡Hemos venido a animar a los 'bleus', nos vamos a comer a los belgas!”, dice optimista una aficionada envuelta en la bandera de la República.

Hay mucho en juego, Francia no gana un mundial desde 1998, cuando se impusieron con un 3-0 contra Brasil obteniendo su primera estrella. 20 años más tarde algunos de los presentes recuerdan cómo vivieron ese momento: “Cuando ganamos, abracé a mis padres y a mis hermanos, algo que no hacemos muy a menudo, un gesto de cariño muy simple pero que recordaré toda mi vida”, comentaba emocionado un hombre.

El primer tiempo se desarrolla y el gol no llega todavía, los nervios empiezan a aparecer pero los ánimos no decaen: “¡Vamos a ganar, eso seguro!”, afirma un aficionado, “los belgas lo están haciendo muy bien, los dos están teniendo ocasiones así que está siendo un buen partido de ver”, complementa su amigo.

Hora del descanso, los franceses se apresuran a salir a encender cigarrillos, comentar algunas jugadas y como no, aprovechan para ir al baño, que está a reventar. “Liberte, Egalite, ¡Mbappé!”, dice un espectador haciendo referencia a la joven estrella del equipo Kylian Mbappé.

Suena el silbato, todos a sus posiciones. La segunda mitad empieza animada y en el minuto 51 el cabezazo de Samuel Umtiti metiendo el primer y único gol del partido desata la locura. Gritos y abrazos. Se escucha “¡Quien no salte no es francés, eh!, y todo el mundo salta. “¡Me he perdido el gol por estar escribiendo un mensaje, y mi amiga también porque estaba haciendo pis, pero no importa, estamos muy contentas!”, cuenta una chica mientras salta con sus compañeras.

Con las cervezas en mano, la gente no aguanta sentada y se pone de pie para ver el resto del partido: ¡Alle les Bleus!”, la Marseillaise… los canticos ya no cesan. La televisión se apagó durante 5 segundos y un quejido múltiple resonó por todo el bar. Quedan 10 minutos, el público esta eufórico, y al fin el árbitro pita: Francia se convierte en la primera finalista del Mundial de Rusia.

"¡Estamos en la final! ¡Estamos en la final!" El coro envolverá Paris toda la noche. “¡Nosotros creemos, la última final fue en 2006 contra Italia y la anterior en 1998, esta vez volveremos a ganar!”, grita un aficionando vestido entero de azul. “¡Va a ser una locura, Francia se ha clasificado, si!”, exclama otro. “¡Seremos campeones del mundo, nos lo merecemos!”, añade su amigo emocionado tomando el micrófono con las dos manos.

Nadie conoce quien será el contrincante de Francia, es difícil hacer apuestas. Preguntamos a un grupo de amigos y la respuesta fue: “Tanto Inglaterra como Croacia lo han hecho bien, no han llegado hasta aquí por azar, ¡pero podemos conseguir la segunda estrella!”. No era el momento de pensar en otros partidos, solo tocaba celebrar.

La noche fue larga y es probable que muchos llegaran tarde hoy al trabajo, pero algo que perdura desde ayer es ese sentimiento colectivo que se ha ido retroalimentando con cada victoria. “Yo no recuerdo la Francia de 1998 porque era pequeño, pero voy a conocer la del 2018 y creo que es un momento que va a unir a la gente” describía un joven. “Han venido chicas y chicos, cada vez hay más chicas y eso es algo genial de ver”, dice una mujer que subraya que ella misma juega al futbol.

El domingo se decidirá el nuevo campeón del mundo, pero de momento el equipo azul logra unir a los franceses superando las barreras de género, edad, etnia o estatus social. Como en el 98, se vuelve a hablar de la Francia "Bleu-Blanc-Beur". Puede que esa sea la verdadera victoria.