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El blues de la policía francesa

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En noviembre pasado, los policías franceses hicieron público en París su descontento con el gobierno a la hora de considerar los reclamos de las fuerzas del orden. REUTERS/Christian Hartmann

Desmoralizados por la falta de recursos materiales, un equipamiento vetusto, locales insalubres, la burocracia infranqueable y la ausencia de reconocimiento, los policías franceses necesitan urgente una reorganización y más fondos, estima un informe elaborado por el Senado.


La tasa de suicidio entre los policías franceses es 36% mayor que en la de la media nacional. Detrás de esta cifra es esconde un malestar generalizado que lleva las fuerzas del orden a una grave crisis, sostiene un informe elaborado durante seis meses por el Senado francés.

El texto, divulgado este lunes por el diario Le Figaro, describe a una profesión “al borde de la ruptura” debido a las condiciones laborales. Los uniformados, particularmente activos a raíz de la amenaza terrorista, soportan ritmos “duros y que desestructuran”. “Con los turnos de trabajo actuales, un policía pasa un fin de semana de cada cuatro o cinco en familia”, subraya el documento.

Las cifras son elocuentes. El informe señala que los policías han trabajado 21,82 millones de horas suplementarias y por las que no han sido indemnizados.

Las violencias que enfrentan en los suburbios y la “inestabilidad permanente” de la doctrina de intervención policial son otros factores que vulneran a la institución.

El informe hace además hincapié en cómo “los procedimientos que enmarcan las investigaciones han alcanzado un nivel de complejidad juzgado intolerable”.

A estas taras se añade el deterioro y la falta de equipamiento, calificado de “profundamente inadaptado”. El trabajo realizado por los senadores cita la escasez de municiones, lo que impide que los policías realicen los entrenamientos regulares requeridos para estar en condiciones de tener fresco el modo de utilizar sus armas. Tampoco tienen suficientes chalecos antibalas, pero sobran patrulleros con sirenas rotas y armas obsoletas. A este panorama se añaden las comisarías sucias e insalubres, sin presupuesto para su manutención.

Las carencias materiales no se ven tampoco compensadas por otras consideraciones. La imagen de la policía en la sociedad se ha desvalorizado y está lejos de la de otros funcionarios dedicados a la seguridad, como los militares.

En este contexto, los senadores abogan por adoptar “una verdadera ley de programación de seguridad interior que dé un marco sincero y vinculante, capaz de permitir la elaboración de una visión más coherente, de tratar prioritariamente la falta de recursos más urgentes para asegurar su preservación a nivel satisfactorio a más largo plazo”.

El informe aboga además por votar para el año entrante la indemnización de las horas extras adeudadas y un plan de financiación para liquidar su remanente.