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Cristóbal de Balenciaga, retirada entre adoquines

Por Silvia Celi

Mayo del 68, París está candente por las revueltas estudiantiles y obreras. Los adoquines de las calles vuelan desde las manos de los estudiantes que apuntan a las fuerzas del orden… Entretanto, Cristóbal de Balenciaga, más conocido como Balenciaga, decide retirarse de la moda después de 50 años de trabajo en la Alta Costura, principalmente en la capital francesa.

"De alguna manera veía que su ciclo como creador de Alta Costura había terminado. Además, Cristóbal de Balenciaga se dedicó solo a la Alta Costura,  no tocó el prêt-à-porter como lo hicieron algunos de sus contemporáneos... Chanel o Dior. En todo caso, se fue por la puerta grande, como los toreros, a la edad de 73 años", explica Abraham de Amézaga, especialista en lujo.

"Hay quien apunta que en esa época, hablamos de finales de los 60, la Alta Costura había comenzado a languidecer, que los pedidos caían estrepitosamente, incluidos los que hasta entonces recibía la casa. Es verdad que el reinado del prêt-à-porter era indiscutible. La mujer caminaba hacia su justa liberación, la sociedad comenzaba a cambiar a gran velocidad… Se vislumbraba una mujer más joven y dinámica, con nuevos gustos, nuevas ocupaciones", añade De Amézaga, co-autor de varios libros-catálogos sobre Balenciaga.

Las clientas reaccionan

Una de ellas fue la condesa Mona Von Bismarck, que se encerró en su residencia de Capri varios días tan pronto como supo la noticia del cierre de la casa Balenciaga.

"Sí, entró en una crisis de pánico. Mona Von Bismarck, además de gran clienta del modisto, había sido elegida en 1933 como la Mujer más Elegante del Mundo. Supongo que habría más mujeres de clase alta que sintieron que a partir de ese momento ya no sería lo mismo su guardarropa, que no tendrían dónde vestirse. Pero Cristóbal de Balenciaga las tranquilizó a todas con una frase: “Para vestirse bien, no tienen más que atravesar la calle”. Se refería a los talleres y boutique de Hubert de Givenchy, que se hallaba justo enfrente. Cincuenta años después, ambas casas de moda siguen estando la una frente a la otra, en la avenida George V de París", comenta De Amézaga.

Balenciaga arquitecto

"Sus creaciones eran auténticas arquitecturas hechas con los tejidos más ricos (le llegaban a fabricar tejidos en exclusiva) y con formas en donde el volumen era una constante. Él era capaz de diseñar, cortar el tejido y montar una pieza, hacer el trabajo de principio a fin. No olvidemos que era hijo de costurera, y que había aprendido el oficio de niño. Muchas de las propuestas de Balenciaga, de las más atemporales, podrían ser perfectamente llevadas hoy", afirma este especialista.

Balenciaga hoy

"Sus descendientes (no tuvo hijos, se apunta a que sus sobrinos) no respetaron el deseo de Balenciaga de que el nombre de su firma muriese con él. A mediados de la década de los 80 la vendieron al empresario francés Jacques Bogart, que relanzó los perfumes y que más tarde, ya en los 90, la vendió al Grupo PPR que ahora se llama Kering".

"Sonsoles Díez de Rivera, la hija de la marquesa de Llanzol, la mejor clienta que Cristóbal de Balenciaga tuvo en España, dijo hace pocos años que “No vendieron su cadáver de milagro”.

"La marca es muy conocida y ansiada en el universo fashion; sobre todo por quienes son víctimas de las tendencias, aunque, repleta de logotipos, que apuesta por lo deportivo, la calle, la rapidez… No queda nada del estilo, de su ADN, el que impregnaba el fundador a cada prenda", concluye De Amézaga.

En Guetaria, cerca de San Sebatián, en España, hay un museo dedicado a este talentoso diseñador. "Lamentablente, pese a que se abrió en 2011, es poco conocido, incluso para gente de la moda y hasta para más de uno que trabaja hoy en la marca Balenciaga", se lamenta Abraham de Amézaga.

http://www.abrahamdeamezaga.com