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Charlie Hebdo, tres años después

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La portada de Charlie Hebdo del 3 de enero de 2018 Charlie Hebdo

Tres años después del atentado que le costó la vida a la mayor parte de su redacción, Charlie Hebdo publicó el número del aniversario en el cual la cuestión del precio de la libertad de expresión en Francia está planteada.


Por Romain Brunet, periodista de France 24

 

Hace 3 años, Francia estaba “Charlie”. Inmediatamente después del atentado perpetrado por los hermanos Kouachi contra la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, el 7 de enero del 2015, una manifestación gigante por la defensa de la libertad de expresión fue organizada. A la cabeza de la procesión: el presidente de la República, François Hollande, y numerosos jefes de Estado extranjeros. El “número de los sobrevivientes” el 14 de enero, con el profeta Mahoma en portada abrazando una pancarta que indicó “Todo está perdonado”, se vendió a más de 7 millones de copias. Y la cantidad de suscripciones se multiplicó por 17 en una semana.

¿Qué queda de este “espíritu Charlie”, mientras que Francia ha conocido desde entonces una ola de atentados yihadistas sin precedente que provocó la muerte de 241 personas en total? Al leer el número del aniversario de Charlie Hebdo, publicado el miércoles 3 de enero, no mucho. Sin embargo, la amenaza terrorista sigue pesando en la vida cotidiana del periódico, cuya libertad de expresión se ha convertido en un “producto de lujo”, afirma el director de la redacción Riss en un artículo.

“Cada semana, al menos 15.000 copias, es decir casi 800.000 copias al año, deben ser vendidas solo para pagar la seguridad de las oficinas de Charlie Hebdo”, cuyo costo equivale a entre 1 y 1.5 millones de euros por año, “completamente a cargo del periódico”, explica Riss.

Tres años encerrados en una lata ¿El calendario de Daesh? ¡Ya hemos dado, no más!

En el 2016, los ingresos por ventas del semanario eran de 19.4 millones de euros, tras un récord de más de 60 millones de euros en el 2015, según las cifras de la cadena francesa BFM Business, confirmadas por la agencia AFP. El periódico dispone entonces de una tesorería importante, lo que le permite asegurar de su propia protección.

“¿Pero que va a pasar a Charlie Hebdo el día que todas las reservas estén  agotadas, luego de haber sido gastadas en la protección de las oficinas del periódico?”, se pregunta Riss. “¿Es normal para un periódico en un país democrático que más de una copia de cada dos vendidas en kiosco financia la seguridad de las oficinas y de los periodistas que trabajan allí? Esta libertad, esencial e indisociable de nuestra democracia, está convirtiéndose en un producto de lujo (…) mientras que debería mantenerse como una libertad para todos y ejercerse en plena seguridad, para los medios que tienen los recursos financieros y lo que no los tienen”.

Fabrice Nicolino: “el 7 de enero del 2015 es una fecha de rojo sangre que separa dos vidas”

Mientras que los franceses han pasado a otra cosa, la vida cotidiana del equipo de Charlie Hebdo no ha cambiado. Escolta policial permanente, alud de amenazas en las redes sociales, reportajes que están complicados… La vida en “Charlie” desde este famoso 7 de enero del 2015 es descrita en detalle en este número especial.

“El 7 de enero del 2015 es una fecha de rojo sangre que separa dos vidas. Antes, había las bromas de Charb que nos hacía llorar de risa, los pequeños pasteles de Cabu, dejados en la mesa, los coqueteos de Wolin, la entrada atronadora de Tignous, la risa ruidosa de Bernard, los gritos de Elsa. Y desde entonces, un luto que todos llevamos y que nunca parará”, escribe Fabrice Nicolino, cuya historia hace revelar un triste compañero de viaje para todo el equipo: el miedo.

El artículo de Riss está helado, pero nos recuerda con exactitud que informar puede costar muy caro #SiempreCharlie tres años después, ¡en sus kioscos mañana!

“Tengo miedo en la acera, tengo miedo cuando veo policías, cuando estoy adentro, miedo cuando escucho ruidos que no identifico en la redacción. Tengo miedo en la “panic room” (sala de pánico) porque soy claustrofóbica. Tengo miedo porque estoy persuadida a que un día voy a oír de nuevo los ruidos de las 'Kalach'”, testifica un miembro de la redacción.

“La espontaneidad se acaba”, se lamenta otro. “Terminados los amigos y los bares. Cuando voy a uno de estos, mis policías están aquí. Y a veces ocurre que me presionan para irnos porque tienen miedo de algo. En casa, donde soy conocido, vecinos de extrema izquierda no me dicen hola porque no están especialmente Charlie”.

Agathe André, presidenta de Dessinez Créez Liberté: “políticamente, ‘estar Charlie’ no hace ingresos ahora”

Tres años después el atentado que costó la vida a once personas, los periodistas de Charlie Hebdo parecen estar amargos y tienen el sentido de haber sido abandonados por el Estado. El artículo titulado “Del punto de honor al dedo de honor (dedo del medio)” cuenta entonces cómo el convenio entre la Educación Nacional y la asociación creada por Charlie Hebdo y SOS Racismo, ‘Dessinez Créez Liberté’ (Dibujar Crear Libertad) ha fracasado.

Este debía permitir “la difusión de una gran exposición itinerante, la creación de un kit pedagógico completo” y “la organización de sesiones de formación” en la red de creación y seguimiento pedagógico (Canopé), con temas principales como: “los retos de la libertad de prensa, el derecho a la blasfemia y a la caricatura para enseñar a los jóvenes cómo agudizar su pensamiento crítico”.

Pero después del 13-Noviembre, “el tono cambia”, escribe Agathe André, presidenta de Dessinez Créez Liberté. “Lleno de miedo y la cobardía en bandolera, el Ministro de Educación Nacional se ha retirado gradualmente hasta abandonarnos completamente. Políticamente, ‘estar Charlie’ no hace más ingresos”.

Al frente de tal constatación y atrayendo la atención sobre las inconsistencias del Estado, que financia la protección personal de algunos miembros de Charlie Hebdo, pero no la de las oficinas donde todo el equipo trabaja, este número del aniversario aprovecha para interpelar al presidente Emmanuel Macron.

“Señor Presidente, ¿es justo que estemos obligados a comprar así nuestra vida pagando seguridad privada? ¿Y de esa manera, de privatizar nuestra libertad y nuestra seguridad? ¿Es justo que la República francesa no garantice realmente el derecho de Charlie de reunirse con su equipo, de hacer su trabajo semanal bajo la protección eficiente de policías de la República?”, pregunta Fabrice Nicolino, quien califica de “difunta” una República “incapaz de hablar muy claro y muy alto para que los principios sencillos de la libertad de expresión sean respetados en todos los rincones de nuestro país”.