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La guerra de una pequeña asociación francesa contra la obsolescencia programada

Por María Díaz Valderrama

La asociación francesa Halte à l'Obsolescence Programmée (Alto a la Obsolescencia Programada), ha interpuesto esta semana una denuncia contra Apple después de que la multinacional reconociera que ralentizan voluntariamente los modelos más antiguos de iPhone para "proteger los aparatos".

Halte à l'Obsolescence Programmée (HOP), una pequeña asociación francesa contra la caducidad de productos voluntariamente establecida por parte de los fabricantes, está logrando plantar cara a los gigantes de la industria electrónica.

Después de una denuncia contra el fabricante japonés de impresoras Epson, en septiembre, la justicia francesa ha ordenado la apertura de una investigación por engaño y obsolescencia programada, al considerar que la empresa practica técnicas poco fiables para obligar a los consumidores a volver a comprar cartuchos de tinta, acortándoles su vida útil real, en especial, con la amenaza del bloqueo de las impresiones.

Ahora le ha llegado el turno a Apple que reconoció esta semana que ralentiza sus modelos más antiguos de iPhone, con la excusa de proteger las baterías. "Lo que nosotros pensamos es que es una estrategia para vender los nuevos teléfonos, para que los consumidores ya no estén satisfechos con sus teléfonos y que justo ahora que Apple lanza otro modelo que vale 1.300 euros los consumidores van a tener tendencia a querer el nuevo modelo", explica Sauvage en una entrevista a RFI.

El efecto simbólico de la decisión francesa

Sauvage recuerda la particularidad del caso francés, que desde que se promulgara en 2015 la ley de transición energética, contempla la obsolescencia programada como un delito en el código penal. Los ciudadanos se empiezan a preguntar si podrían ser incluso indemnizados. Según Sauvage, su asociación estudia esta posibilidad aunque de momento parece más probable que se castigue con cárcel y multa.

"Aunque la multa y la cárcel sí puede ser importante como disuasión, lo que nos interesa sobre todo es el efecto simbólico, el debate que genera y la toma de conciencia. Y para las empresas, el interés es tener otra imagen, una imagen de productos fiables, que pueden ser reparados, etc. Este debate va a ser muy positivo porque necesitamos nuevas leyes, nuevos modelos económicos para las empresas y necesitamos también que el consumidor se dé cuenta de que el despilfarro de la sociedad de consumo no genera más felidad, que es importante informarse de la duración y promover las marcas que sí se comprometen", señala Sauvage.

A la espera de que la Unión Europea establezca unas normas en cuanto a estas prácticas habituales en la electrónica, HOP propone algunas ideas, como la ampliación de los períodos de garantía o reducciones fiscales para promover las reparaciones, como ya sucede en Suecia.

Entrevistado

- Samuel Sauvage, presidente de la Asociación Halte à l'Obsolescence Programmée.

 

 

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