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El horario de verano, motivo de controversia

Por Aída Palau

Cada año, en el último fin de semana de marzo, los franceses tienen que adelantar una hora su reloj. Se pierde una hora de sueño, y el despertar es duro... Con este cambio, nos acercamos a la hora solar para hacer coincidir la luz con las horas de la actividad humana con el objetivo de ahorrar energía. Sin embargo, siempre surge el mismo debate: ¿es beneficioso o perjudicial para la salud?
¿Y qué tan real es el ahorro de energía?

Los franceses lo tienen claro. Según un estudio reciente, el 54% está en contra de esta práctica. La ingeniera agrónoma Leonor Gabarain, presidenta de la Asociación Contra la Hora de Verano Doble (ACHED) en Francia, lleva 30 años estudiando el fenómeno y para ella la respuesta está clara: "Esta operación no acarrea ningún beneficio. Al contrario, tiene muchos aspectos perversos" en cuanto a energía y salud.

La primera persona que tuvo la idea fue Benjamin Franklin durante su estancia en París cuando era embajador, entre 1778 y 1785. Franklin quería ahorrar, no en electricidad, sino en velas. Pero no tuvo mucho éxito y no consiguió que se aplicara la medida.

En 1916, Alemania y Francia, dos naciones en guerra decididas a no malgastar energía, adoptan la hora de verano, pero tras la Segunda Guerra Mundial, se abandona su uso. La crisis petrolera en 1973 y 1974 rescata la idea y se adopta en el 1976 hasta hoy.

Según Thomas Porcher, economista en la Paris School of Business y especialista en energía, "cambiando de hora en otoño y en primavera se hace coincidir la actividad económica con el sol, lo que permite ahorrar energía. Es verdad que estos últimos años, el consumo de energía es más bien estable, así que hay mucha gente que critica esta medida diciendo que la proporción no aumenta, incluso hay tendencia a la baja. Pero el ahorro de energía está ahí y si ahorramos energía se emite menos CO2 y si se emite menos CO2 contribuimos a la lucha contra el calentamiento climático".

Un estudio de la Comisión Europea afirma que la salud se ve perjudicada porque el cambio de horario implica un cambio de biorritmo del cuerpo. El sueño, el cansancio, la alimentación... Leonor Gabarain asegura incluso que la obesidad tiene algo que ver con el cambio de hora.

Los defensores de esta medida piensan que el humano se adapta rápidamente a la nueva hora y que aunque el ahorro de energía sea poco, según estimaciones un 1%, vale la pena. Esto es 44.000 toneladas de CO2 menos en el aire. Supone también un ahorro en las facturas de la electricidad de dos euros por año y por familia.

Para el economista Thomas Porcher, aunque el ahorro de energía sea discreto, sería un error abandonar la medida: "Es importantísimo ahorrar energía. ¡No hay gran o pequeño ahorro de energía! La energía más limpia es la energía que no consumimos. Tenemos objetivos sobre el calentamiento global que respetar", afirma.

Para Gabarain, las estimaciones son sólo estimaciones con modelos matemáticos que ni siquiera se han probado sobre el terreno. La ingeniera asegura que con el cambio de hora no sólo no se consigue ahorrar energía sino que además se gasta más.

Hay 70 países en el mundo que tienen, como Francia, un doble horario. Algunos ya lo han abandonado como Rusia, China, Egipto o Túnez. La ministra de Medio Ambiente francesa, Ségolène Royal, prometió abrir el debate y la Comisión Europea está estudiando el asunto, pero de momento no hay nada concreto.