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Iglesia alemana admite 3.667 casos de abuso pero no hace nada

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El presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, el cardenal Reinhard Marx, durante la presentación del informe, este 25 de septiembre de 2018. REUTERS/Kai Pfaffenbach

Con una indignación y una vergüenza ya casi rutinarias, los miembros de la Iglesia Católica alemana presentaron el informe sobre abusos sexuales del clero durante los últimos 68 años.

Por Sergio Correa, nuestro corresponsal en Berlín.


Había sido una gran puesta en escena de las intenciones de limpieza de la Iglesia, con el encargo de un informe a investigadores de tres de las grandes universidades alemanas. Sin embargo las críticas al informe fueron fulminantes.

¿Cómo se podría creer en esa indignación súbita de la Iglesia cuando muchos casos de abusos tienen apenas un par de años de cometidos? ¿Cómo creer en un estudio que ni siquiera pudo establecer cuántos religiosos estuvieron activos en la iglesia en esos años? ¿Y cómo creer en las intenciones de la Iglesia después de infinidad de limitaciones y trabas a la investigación?

El estudio tampoco aclara los factores institucionales que hicieron posibles los abusos y cómo fueron encubiertos por la Iglesia durante tantos años. Quizás lo más decepcionante: no nombra a un solo responsable. Los investigadores se refirieron a la destrucción de evidencias en dos obispados, pero no dijeron cuáles ni menos aún quién podría ser el responsable.

De los 3.667 casos reconocidos de abusos sexuales por el estudio, y todo hace suponer que el número real es muchísimo más alto, no fue nombrado un solo culpable. Ningún miembro de la iglesia ha sido expulsado o castigado después de este estudio, ni uno solo ha renunciado a su cargo por la responsabilidad que le corresponde.

El estatus especial de los religiosos en las sociedad parece ayudarlos también a no ser tratados como cualquier civil que comete un delito semejante, como un evidente criminal. El estudio de la Iglesia Católica alemana es en sí mismo otro ejemplo más de una práctica que es justamente la base de la impunidad de los abusos sexuales dentro de la Iglesia: primero se protege la Institución, luego a la víctima.