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BREXIT, un divorcio a la inglesa

Por Angélica Pérez

A solo seis meses de la fecha fijada para el BREXIT , las diferencias entre la UE y Reino Unido, así como las discordias de la clase política británica sobre los términos de este divorcio avisoran un escenario catastrófico.

 

Con su partido conservador dividido respecto al Brexit, Theresa May la tiene difícil para llegar a un acuerdo con la Unión Europea (UE). A ello se suman los llamados para realizar un nuevo referendo o reiniciar las negociaciones que llevan dos años.

En los últimos días, el alcalde laborista de Londres Sadi Khan se sumó al pedido de los ex primeros ministros, el también laborista  Tony Blair o el conservador John Major, para que se convoque a un nuevo referendo como el que en junio de 2016 aprobó el Brexit.

Aunque ninguno de los dos partidos asume abiertamente la propuesta, la idea de una nueva consulta no es del todo descabellada pues, contaría con un apoyo importante de los diputados de las dos formaciones políticas. “En principio, los miembros del Parlamento que están en contra del Brexit son mayoría” afirma el director del departamento de Historia económica de la London School of Economics (LSE), Joan Roses. Y matiza: “Esto no significa que vayan a votar porque, obviamente, caería de inmediato el gobierno”.

El miércoles 19 de septiembre, poco antes de la Cumbre de la UE en Salzburgo, ex ministro británico del Brexit, David Davis afirmó que las divergencias irreconciliables entre el gobierno de Teresa May y el bloque de los 27  tendrán que solventarse con una especie de reinicio de las negociaciones.

En opinión de Roses, los países de la Unión Europea, que están en posición de fuerza respecto a Reino Unido, no tienen ningún interés de hacer tal concesión a Londres y volver a cero. 

Lo cierto es que tras dos años, las negociaciones se encuentran en una sin salida. Dos temas son el gran escollo: Irlanda y la circulación de personas 

“Si Gran Bretaña sale de la Unión Europea tendría que haber frontera con Irlanda y eso violaría el acuerdo de paz que selló el conflicto entre católicos y protestantes en Irlanda y que estableció que no habría frontera entre Irlanda el Norte y la del Sur”, explica Roses.

El tiempo corre y Theresa May aún no encuentra una fórmula que sea satisfactoria para todos: Irlanda del Norte, la República de Irlanda, Londres y Bruselas.      

El gobierno británico se empeña porque, tras el Brexit, se mantengan relaciones comerciales estrechas con sus antiguos socios europeos a través de una zona de libre cambio de mercancías. Pero la UE no está dispuesta a transigir sobre el principio de « la indivisibilidad” des las libertades del  mercado único, que incluye a las personas.

 

Reino Unido quiere las partes buenas de dos propuestas enfrentadas: quiere que el capital europeo pueda venir al mercado de Londres con pocos controles o solamente controles británicos pero sin movimiento de personas. Eso es romper la unidad de la U.E.”

El catedrático en Historia económica advierte este tipo de exigencia podría sentar un precedente para que otros miembros prohíban al entrada de ciudadanos europeos. En consecuencia, la decisión implicaría revisar y cambiar los tratados fundacionales de la U.E.

Roses precisa que es la parte que se separa la que tiene que ceder. Y en ese sentido Reino Unido solo tiene dos opciones a las que puede aspirar: “O un estatuto subordinado como el de Noruega que cuenta con libertad de movimientos de personas pero no hace parte de la U.E y asume las consecuencias de ello; o un estatuto como el de Canadá que tiene una excelente relación comerciales con la U.E, con exportaciones bajo el control del bloque y sin libertad de movimiento.”     

El tiempo apremia y el escenario de un “no deal” (falta de acuerdo) es bastante factible.

 

Entrevistado: Joan Roses. director del departamento de Historia económica de la London School of Economics (LSE),

 

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