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El cuñado del rey, un preso aparte

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Iñaki Urdangarin, pocos días antes de ingresar a prisión, el 13 de junio de 2018. REUTERS/Enrique Calvo

El exjugador olímpico de balonmano Iñaki Urdangarin, casado desde 1997 con la infanta Cristina, ingresó en prisión por corrupción. Sus condiciones de detención distan de las de otros reos españoles.


Por Luis Méndez, corresponsal de RFI en Madrid

Seis años y medio después de su imputación y con otro rey en el trono, su cuñado Felipe VI, Iñaki Urdangarin entró discretamente en la cárcel de Brieva, un pueblo a unos 100 km de Madrid, para empezar a cumplir su pena de 5 años y 10 meses de prisión.

El ingreso en prisión de Urdangarin no logra acabar con la impresión de que el cuñado del rey sigue recibiendo un trato de favor que contrasta con la dureza que la justicia aplica a ciudadanos menos distinguidos.

Para empezar, Urdangarin pudo elegir la cárcel a la que quería ir, concretamente la de Ávila, donde podrá evitar el contacto masivo con otros reclusos, ya que es una cárcel de mujeres que se amplió para crear un módulo que pudiera acoger a hombres de manera excepcional.

La cercanía de la prisión a la capital española también permitirá a la infanta Cristina poder visitarle más fácilmente mediante un vuelo directo a Madrid desde Ginebra, donde actualmente reside.

Urdangarin podría acceder a un régimen de semi-libertad por buena conducta en dos años y medio después de haber disfrutado de libertad mientras esperaba la condena, una situación muy diferente a la de los políticos catalanes independentistas que desde el primer día, y a la espera de ser juzgados, se encuentran en prisión previsional.