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La desafección democrática es el oxígeno del populismo

Por Braulio Moro

Italia se sumó a la larga lista de países europeos dirigidos por partidos populistas. ¿qué significa eso?, ¿la democracia representativa se agotó?, ¿el populismo es el mismo en toda Europa? Los populistas hablan de una democracia superior, directa, ¿cuáles son los riesgos?

 -- Un Incendio político que debe ser definido

El nuevo jefe de gobierno italiano, Giuseppe Conte, obtuvo  la confianza de  los Diputados y el Senado, tras presentar su proyecto de programa calificado de "populista", centrado en la lucha contra la inmigración clandestina, el combate contra Bruselas y las instituciones europeas, y una batería de medidas económicas que podrían acabar descarrilando la tercera economía más importante de la zona euro después de Alemania y Francia.

Italia se suma así a la lista cada vez más larga de países europeos dirigidos por partidos populistas, un fenómeno que aunque no es nuevo, sin duda muestra el agotamiento de una forma de hacer política y con ella de las formaciones políticas que dominaron la escena Europea desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Ángel Rivero, profesor de Ciencias Políticas y relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid, habló con Radio Francia Internacional sobre el significado del término “populista” hoy tan en boga, las causas del ascenso de ese tipo de gobiernos en Europa, los desafíos que eso plantea a la Unión Europea, entre otros elementos.

Hay un debate abierto sobre el término populismo, precisa Rivero. Hay quienes lo ven como un insulto político que por lo mismo merece ser rescatado como objeto de análisis. En todo caso la discusión que genera este tema demuestra que hay un “incendio político” que necesita ser definido. El populismo “es una ideología que muchas veces se ha tachado de superficial dado que a diferencia de otras corrientes ideológicas que tenían grandes autores (liberalismo, socialistas, comunistas), ideas y conceptos, éste aparece como “más liviano”, aunque eso no significa que sea menos eficaz.”

“En Europa el populismo comienza a estructurar un debate que sostiene que todas las sociedades están divididas entre un pueblo virtuoso y una élite corrupta que se califica de oligarquía cuando no de casta. Es en base a ese antagonismo permanente, irreconciliable que se despliega ese discurso populista”, destaca nuestro entrevistado.

-- El populismo venera un pueblo mítico, moralmente superiro a sus enemigos

El impulso que vemos de las corrientes populistas europeas va de par con el llamado euroescepticismo en amplias capas de la población Europea, y eso cubre desde países como Holanda, pasando por Austria, Hungría, Gran Bretaña ¿Qué refleja eso? Según Rivero, las bases sociales del populismo son por lo general aquellas que se consideran desfavorecidas por la globalización o los procesos de integración regional. “El populismo venera un  pueblo mítico, moralmente superior a sus enemigos; está asociado a una nación con rasgos culturales bien definidos y densos. Esa base social necesariamente busca sus enemigos en entelequias externas que sean blanco de sus problemas. En ese sentido la Unión Europea que se ha desdibujado como proyecto de integración, es uno de los objetivos de los  movimientos políticos en Europa. La soberanía, el control fronterizo o la armonización de las leyes europeas son objetivo fácil del descontento populista. El populismo no ofrece recetas de políticas sino sobre todo busca culpables”.

Muchos analistas ven en la crisis económica que inicio en 2007-2008 los orígenes de esta ola de populismos, es una suerte de respuesta retardada pero eficaz.

-- La desafección democrática alimenta el populismo

“La desafección democrática es el oxígeno que alimenta el populismo en su defensa de una democracia superior”, observa el catedrático de relaciones internacionales. En ese sentido “son diversas  las crisis que explican su ascenso. En el sur de Europa es obvio que la crisis económica ha alimentado el populismo (España, Italia, Grecia), pero para la Europa septentrional, del norte, la crisis no es tanto económica como cultural. Una tercera forma de crisis es la política, y en varios de los casos que hoy vemos es una combinación de las tres crisis”.

Hace cuatro años, al asumir la presidencia de la Comisión Europea, jean Claude Juncker declaró que era la última oportunidad para que los dirigentes de Europa mostraran a sus habitantes que eran escuchados, tomados en cuenta. Dos años después, en 2016, los británicos votaron salir de la Unión Europea, el Brexit.

“Mientras la Unión Europea fue capaz de ilusionar a los europeos, primero con la promesa de un orden de paz,  la promesa de una Europa territorio de libertad frente a lo que sucedía al otro lado de la “Cortina de Hierro” durante la época de la “Guerra Fría (1948-1991), o bien la Europa del Bienestar construida a partir del fin de la segunda Guerra Mundial, un Estado que daba seguridad a sus ciudadanos, el populismo no pudo avanzar. Pero ahora cuando esos elementos desaparecieron (el enemigo comunista) o se han debilitado (el Estado de Bienestar, y eso ligado a importantes cambios en la pirámide de edades), Europa se muestra incapaz de encontrar un discurso de sustitución que señale a los europeos un futuro que se dese, una ambición superior a la situación que viven hoy. Es en ese contexto que los populistas han movilizado contra Europa, recurriendo a un discurso nacionalista apoyado en particularismos o emociones que olvidan experiencias terribles”.

-- La democracia perdió su lustre

El populismo no es ni mucho menos un problema sólo del sur o el centro de Europa. En Francia, Grecia y ahora Alemania (Alternativa por Alemania) el populismo ha crecido considerablemente. Tampoco es sólo un problema de corrientes de derecha. El ascenso del populismo en Europa ¿no es un síntoma de que la democracia representativa en su forma actual se ha agotado? No, responde con seguridad Ángel Rivero. “Es cierto que los populistas defienden frente a la democracia representativa lo que llaman como democracia superior, calificada de democracia directa. Lo que necesitamos es volver a explicar a los ciudadanos qué es la democracia. Quizá ha habido un agotamiento de la democracia, la democracia perdió su lustre porque nos hemos acostumbrado a vivir con ella durante décadas”, observa Ángel Rivero

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