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Eduardo Chillida: ¿un ambientalista incomprendido?

Por Silvia Celi

El museo Abattoirs, de la ciudad de Tolosa, en el suroeste de Francia, presenta actualmente una exposición de uno de los escultores más importantes de España, el vasco Eduardo Chillida. La muestra subraya la relación de este escultor con el espacio y con los elementos de la naturaleza. También recuerda su gran proyecto Tindaya, un sueño nunca realizado que continúa suscitando polémica.

 

Para escuchar el audio haga clic en la flecha que figura sobre la foto.

Entre las obras expuestas en el museo Abattoirs de Tolosa, figura la maqueta de del proyecto Tindaya que el artista quería realizar en esa simbólica montaña, muy importante en el imaginario canario.

La Montaña de Tindaya se encuentra en la isla canaria de Fuerteventura. Está ubicada sobre una planicie llamada, El Llano del Esquinazo, a casi 400 metros del mar.

"En 1985, el escultor Eduardo Chillida reveló en una entrevista que estaba pensando en realizar un monumento en el interioir de una montaña real. Casi una década después, tras buscar por distintas partes del planeta y descartar parajes en Finlandia, Suiza y Sicilia, Chillida escogió la Montaña de Tindaya para llevar a cabo su proyecto, que contó desde el principio con el respaldo del Gobierno de Canarias, que compró por cinco millones de euros a la empresa Cabo Verde S.A. los derechos que ésta ostentaba para la explotación de una mina dentro de la montaña", reseña el diario El País Canario.

Según el portal digital, Canarias Oculta, "Tindaya tiene 18.7 millones de años y fue una de las primeras formaciones que afloraron en Fuerteventura. También se le conoce por ser una montaña de gran valor arqueológico, lugar de ritos mágicos, religiosos que han sobrevivido al tiempo, al ser traspasado de forma oral en los lugareños, el legado de los aborígenes llamados Mahos".

La idea de Chillida era horadar la montaña, construir un cubo interno, un túnel para el acceso del público y dos tragaluces para permitir la entrada de la luz natural.

No obstante, este "Monumento a la Tolerancia" como Eduardo Chillida lo quería bautizar, levantó un maremoto de protestas por parte de ecologistas y de varios académicos. Entre estos últimos, la catedrática de Historia del Arte de la Universidad de la Laguna, Maisa Navarro, quien en una conferencia en el 2017 puso en duda el interés artístico del proyecto, según anota el periodista Cesar Javier Palacio, autor de “Crónicas Verdes”.

Pero según Luis Chillida, el hijo del artista, el objetivo era salvar una montaña que, como reseñaba El País Canario,  ya estaba perforada porque "allí había una explotación minera".

Otro obstáculo al proyecto es que, en Tindaya, se han localizado más de 200 grabados podomorfos* de los antiguos pobladores de Fuerteventura. Un patrimonio histórico que podría ser destruido según los militantes de Ben-Magec- Ecologistas en Acción, que han ido a tribunales para impedir la realización del proyecto.

Ben Magec Ecologistas en Acción ha sido el grupo ambientalista más impetuoso a la hora de defender Tindaya. Radio Francia Internacional intentó en vano contactarlos vía la sede central en Madrid y luego directamente en las Islas Canarias, pero nunca respondieron.

Por su lado, Luis Chillida lamenta un ambientalismo que de haber existido cuando su padre creó El Peine del Viento, en la costa de Donostia-San Sebastián, la obra jamás se habría realizado.

*Los podomorfos son grabados rupestres de diseño rectangular que simulan pies y manos.