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La policía británica reabre 14 expedientes de muerte sospechosa de opositores rusos

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La ministra británica del Interior, Amber Rudd. REUTERS/Peter Nicholls

En medio de las medidas de represalia de Londres en respuesta al atentado del ex espía ruso en suelo británico, entre otras la expulsión de 23 diplomáticos rusos, el gobierno británico anunció la reapertura de 14 casos de opositores rusos muertos en Reino Unido y que la CIA considera sospechosos.


El lunes pasado fue hallado muerto en su residencia, en un suburbio de Londres, otro exilado ruso, Nikolai GlushKov, 69 años de edad, informó la prensa británica.

El cadáver fue encontrado por su hija en una pequeña casa de New Malden, en las afueras de Londres. Se trata de otra muerte “inexplicable”, según la policía. Parientes de Glushkov evocaron huellas de ahorcamiento. La investigación fue encargada a la sección anti-terrorista de Scotland Yard.

Glushkov, cuya muerte no ha sido confirmada oficialmente, era cercano del millonario Boris Berezovski, enemigo del Kremlin, hallado ahorcado en 2013, también en territorio británico.

Cuando se conoció la noticia de la muerte de Berezovski, Glushkov rechazó la tesis del suicidio de su amigo y acusó a Moscú de haber ordenado su asesinato. Cinco años después, ha sido el turno de Glushkov.

La crisis entre Moscú y Londres podría agravarse por este nuevo caso, pero también por las conclusiones que pueda arrojar la reapertura de 14 casos de muerte sospechosa de opositores rusos en Reino Unido.

Nueve de ellos conciernen Berezovski y su clan, desaparecidos uno tras otro, durante varios años. En ciertos casos, a causa de infartos sospechosos que ciertas fuentes atribuyen a un veneno “casi imposible de detectar” desarrollado por los rusos y que ha sido evocado por ex agentes de la KGB.

La policía británica había archivado esos expedientes que la CIA consideraba sospechosos. La ministra británica del Interior, Amber Rudd, los ha reabierto pero advirtiendo que duda de la implicación de Moscú en todos ellos.

Rudd estima, según sus propias palabras, que los casos que se pueden imputar a represalias rusas pueden ser “uno, dos, tres o cuatro”.

La primera ministra británica May era ministra del Interior cuando se produjo el sonado caso del asesinato en Londres de Alexander Litvinenko, en 2006, un crimen con una sustancia radioactiva (polonio 210) cometido con el consentimiento de Putin, según las conclusiones de la investigación oficial.