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La autarquía de Putin

Putin asumió por primera vez la jefatura de Estado en el 2000. Su predominio en Rusia durante esos 18 años ha sido total. Las claves para entender esta hegemonía, con el corresponsal de RFI en Moscú.

Por Xavier Colàs

Es tal la seguridad que tiene Vladimir Putin de que seguirá ocupando por seis años más el Kremlin que casi ni se ha molestado en modificar su agenda para participar en un debate televisado. Allí estaban veteranos candidatos, pero también una representante de la oposición extraparlamentaria liberal, Ksenia Sobchak.

El Kremlin quiere combatir la abstención. Ksenia Sobchak debería atraer nuevos electores, pero su candidatura provoca desconfianza y algunos creen que forma parte de un plan del Kremlin para dividir a la oposición.

Así lo ve Tatiana Felgengaguer, la periodista rusa cuyo nombre sonó en todo el mundo el año pasado cuando un hombre intentó degollarla en el estudio de radio. Recuperada de ese incidente, Felgengaguer no tiene miedo de criticar que el sistema está trucado

“Creo que ha sido aprobada por el Kremlin, porque a las elecciones solo se presentan los que han recibido el visto bueno del Kremlin. El gobierno intenta utilizar a Ksenia Sobchak, y a la vez Ksenia Sobchak intenta utilizar al Kremlin. No es nada personal. Es un negocio”, explica.

Putin opina que la democracia según los modelos vigentes en los países más civilizados es “débil”, “manipulable” y propensa a innumerables “trampas”.

En Rusia la sociedad civil es débil, una gran parte de los rusos depende económicamente del Estado y la población es tremendamente apática. La erosión de la protección de la propiedad, ha vuelto a los empresarios rusos renuentes no sólo a la crítica, sino a los cambios. Esto, más las guerras en el exterior, aumenta la popularidad de Putin.

Mijail Zygar, autor del libro Todos los hombres del Kremlin, cree en cambio que Putin no es el estratega que pensamos, sino un oportunista y un táctico.

“Los medios extranjeros No lo presentan como un político normal, sino como alguien que sabe por adelantado todo lo que va a pasar, como un ajedrecista intelectual que tiene una estrategia que permite manipular al resto de los jugadores. Eso no puede ser. Y además Vladimir Putin está muy lejos de eso, porque él no es un estratega. Es un táctico. No tiene un plan a medio o largo plazo, o lo cambia muy rápidamente en función de lo que pasar a su alrededor. Los medios extranjeros sobre todo a raíz de las elecciones en EEUU, han presentado un retrato en blanco y negro de este país”, estima Zygar.

En Rusia se ha producido una consolidación gradual del poder en manos de un pequeño círculo de élites, que se han adueñado de la toma de decisiones en reemplazo de la burocracia, el Parlamento y el sistema judicial. En este mandato ha aprobado una serie de modificaciones de la ley contra el terrorismo y el extremismo que refuerzan los ya intensos controles sobre la sociedad y el individuo y endurecen las penas a los incumplidores.

Pero su control no sólo se ha quedado en el ámbito interno. Con la presunta injerencia en EEUU hemos tenido una prueba de lo que puede hacer el sistema que protege a Putin, capaz de actuar de manera subterránea para seguir la línea marcada por el presidente.

“No sé hasta qué punto hubo una estructura para interferir, recibiendo dinero del estado. O con los servicios secretos. Puede ser que Putin estuviese involucrado personalmente, no tengo una presupuesta cara. Incluso sin la implicación de Putin, puede ser. Es muy común aquí en Rusia: gente que sabe por adelantado que eso le gustará al jefe, y pueden gustar al jefe, sea gobernador, jefe de la Administración presidencial o quien sea. Y recibir algo a cambio. Sólo un loco puede pensar que la injerencia de dos hackers de Rusia pueden darle la vuelta al sistema y ganó Trump”, subraya Zygar.

Tras la reciente creación de su guardia pretoriana, Putin se está dedicando a depurar los cuerpos de seguridad. Putin se hace mayor, pero su poder sigue más robusto que nunca.

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