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Grecia: los refugiados quieren huir del infierno de Idomeni

Por Raphael Morán

Cerca de 12.000 refugiados de Medio Oriente sobreviven en un campamento en la frontera greco-macedonia. No pueden continuar su exilio hacia Europa del oeste desde que los países de Europa Central cerraron sus fronteras. Tampoco quieren pedir asilo en Grecia, un país sumido en la crisis económica. Así viven a diario.

Por Raphaël Morán, enviado especial de RFI en la frontera greco-macedonia.

Bajo una intensa lluvia que convierte el suelo en charcos de barro, Alaa, un sirio de 33 años y sus compañeros pasaron la noche en una carpa en medio de la autopista que conecta el norte de Grecia con Macedonia. Bloquearon el tráfico para protestar contra el cierre de las fronteras europeas. Austria, Hungría, Croacia, Serbia y finalmente Macedonia cerraron sus puertas para poner fin al flujo de miles de refugiados que huyen de los conflictos y la miseria.

Alaa, contador de profesión, huyo de la guerra en Alepo y lleva dos semanas esperando la reapertura de la frontera: “Queremos preguntarles a la Unión Europea y a los demás países ¿por qué motivo nos tienen aquí? Hay familias, niños, bebés, enfermos y ancianos. Queremos que reabran la frontera o que haya un programa de reubicación. No importa si nos mandan a otro país. Sólo queremos irnos. Vivir en una carpa con la lluvia es insoportable”, cuenta.

Mientras hablamos con Alaa, llegan dos patrullas de policía griega que intentan convencer a los migrantes de levantar el bloqueo que impide el paso de los camiones hacia los Balkanes. Finalmente, los refugiados levantan el bloqueo, pero la desesperación de no poder alcanzar un país seguro y próspero cunde en Idomeni, el más grande campo de refugiados de Grecia.

Aquí, pegadas a la valla que desplegó Macedonia hace un mes, cerca de 12.000 personas sobreviven gracias la presencia de ONG. Se forman largas colas de familias para recibir alimentos y rollos de papel. En la carpa de la ONG española Bomberos en Acción, Marta Sarralde, enfermera, y Alberto Grecia, médico residente, reciben pacientes de manera continua.

Ante la dureza de las condiciones y la frustración de no poder continuar el camino, esta semana un hombre se prendió fuego durante una protesta. Otros iniciaron una huelga de hambre. Nadie sabe cuánto puede durar la situación.

El ministro de Salud griego Andreas Xanthos llamó a evacuar progresivamente el campamento para reubicar a los refugiados en otros campos supervisados por la ONU y el gobierno. El acuerdo concluido entre la Unión Europea y Turquía para expulsar a los migrantes que llegan por la vía marítima hace todavía más incierto el futuro de los migrantes atrapados en Grecia.
 

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