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En Meaux, un museo de la Primera Guerra Mundial

Por María Carolina Piña

En Francia se encuentra el museo más grande de Europa sobre el primer conflicto bélico a escala mundial. El recinto resguarda fondos excepcionales y reconstituye los elementos clave de esa “guerra de trincheras”. Visítelo con RFI en este reportaje.

A 50 km de París, en la ciudad de Meaux, tuvo lugar una de las batallas más emblemáticas de la primera guerra mundial, la batalla de la Marne que se libró en septiembre de 1914. En la actualidad se yergue en ese mismo lugar el Museo de la Gran Guerra, un edificio que resguarda 65.000 objetos y documentos de ese conflicto donde en el murieron más de 18 millones de personas, entre militares y civiles.

“Es uno de los museos sobre la Primera Guerra Mundial más importantes de Europa. Su historia es increíble porque estos objetos pertenecieron primero a un coleccionista, Jean-Pierre Verney, y luego el museo los adquirió en 2005. Es un museo histórico, donde se relatan las principales batallas y aspectos cronológicos. Pero también el impacto de la guerra en la sociedad, en los campos, en la situación de las mujeres y en las familias”, explicó a RFI la directora del museo Aurélie Perreten.

En este museo que visitan niños, adultos y grupos escolares se exhiben objetos muy diversos. Desde los uniformes originales de los "poilus" como se le conoce a los combatientes franceses en virtud de sus largas barbas y cabellos, hasta piezas de artillería, obuses, periódicos, los afiches con los que se informaba a la población del comienzo de la guerra o las cartas desgarradoras entre los soldados y sus familias.

En la entrada del museo, una fila de soldados de yeso de talla real, a pie y a caballo, recuerdan lo que fue el comienzo de la guerra y la primera batalla, la de la Marne, en Meaux. Algunos van de pantalón y quepis rojos, uniforme característico de los "poilus" al principio del conflicto y con el que fueron un blanco fácil para los francotiradores alemanes. Otros soldados están representados completamente de blanco, símbolo de los millones que nunca regresaron de esa cruenta guerra.

La visita continúa con la reconstitución de las trincheras francesas y alemanas, esas venas cavadas a tres metros de profundidad en la tierra donde se posicionaron los soldados y donde vivían, dormían y vigilaban al enemigo.

“Fue la “guerra de posición”, los ejércitos se enterraron y se enfrentaron frontalmente, durante cuatro años. Luego se produjo la llegada de los americanos y de los tanques. En ese momento, la guerra dio un vuelco y se logró el armisticio del 11 de noviembre de 1918, que puso fin al combate”, aseveró Perreten.

En otras salas puede hacerse una inmersión en tres dimensiones de lo que fueron las batallas y su lote de muertos y desmembrados a través de una proyección en video. También se reconstituyen los refugios enterrados o los hospitales de campaña, con su mobiliario e instrumentos originales.

En total, la que llaman la Gran Guerra, duró cuatro largos años, de 1914 a 1918. Cuando se cumplen 100 años del Armisticio que permitió el fin del primer conflicto mundial, este museo busca mantener viva esta memoria y educar a las nuevas generaciones.

“Cien años después de la guerra, el desafío sigue siendo conservar esta memoria. La guerra afectó muy íntimamente a casi todas las familias francesas. Y cuando los niños de hoy buscan es sus respectivas historias familiares, casi siempre encuentran un ancestro que participó en la Gran Guerra”, concluyó la directora del museo.

El próximo 11 de noviembre, el mandatario francés Emmanuel Macron presidirá las conmemoraciones por el Centenario del Armisticio que puso fin a la primera guerra mundial, con un discurso en la Tumba del Soldado desconocido que se encuentra al pie del Arco del Triunfo de París, en presencia de unos 60 jefes de Estado y de gobierno.

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