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La crónica cultural
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‘Tintoretto, el nacimiento de un genio’

Por María Carolina Piña

Una exposición en París explora la juventud del célebre pintor veneciano, quien fue uno de los maestros del renacimiento, en el marco de la celebración de sus 500 años.

Su verdadero nombre era Jacopo Robusti. El apodo de "el Tintoretto" le viene de su padre, quien era tintorero. El "pequeño tintorero" tenía entonces orígenes humildes pero un gran talento para la pintura descubierto de manera precoz por el gran Tiziano, quien lo adoptó como alumno en su taller.

Esos primeros años de producción son los que explora la exposición "Tintoretto, el nacimiento de un genio" que se presenta en el Museo de Luxemburgo de París. La muestra reúne espléndidos lienzos de un joven Tintoretto que no tenía ni siquiera 20 años, donde el movimiento y el color son esenciales, hasta los 35 años del pintor nacido en Venecia, es decir, el período en el que Tintoretto levanta el vuelo y define su estilo.

“La juventud de Tintoretto fue una etapa muy interesante, un período de construcción en el cual Tintoretto trata de imponerse en la escena artística. Fue un pintor ambicioso y determinado a alcanzar el éxito. Pero también fue valiente, trata de medirse a los grandes maestros de su época, primero a Tiziano, la gran autoridad de la pintura en Venecia. Tintoretto aspiraba a igualarse a él. Pero también se midió con Rafael o Miguel Ángel. Absorbió como una esponja todas esas influencias, todas las novedades, no sólo de Venecia sino de toda Italia, e incluso, del resto de Europa”, explicó a RFI Cécile Maisonneuve, una de las responsables de la muestra.

En su búsqueda de innovación, Tintoretto introduce un elemento hasta su época ausente de la pintura: la musicalidad y el sonido de las escenas representadas en sus cuadros.

“Aquí tenemos dos ejemplos: Jesús entre los doctores, que viene de Milano, y La conversión de San Pablo proveniente de Washington. Son dos cuadros que tienen una dimensión sonora muy presente. En el primero, Tintoretto representa el coro de la Basílica de San Marcos y los venecianos de la época seguramente pudieron imaginarse la música que se tocaba en ese templo, a través de este cuadro. El segundo es una composición atronadora, en la cual Tintoretto quería que se escuchara la voz de Cristo cuando habla con Pablo. Además hay un elemento muy importante: un pequeño tambor roto, como el tímpano de un oído que hubiese escuchado la voz de Dios”, explicó la experta.

Una de las salas está dedicada a los retratos, género en el que Tintoretto seduce a la clientela veneciana gracias a su brillante representación de los rostros y expresiones. De hecho, la muestra comienza con un autorretrato, en el que “Tintoretto nos observa, se voltea a ver al espectador con una mirada firme. La mirada de un hombre que quiere conquistar la escena artística de su época. También nos habla de la forma de pintar de Tintoretto, con pequeñas pinceladas rápidas. Fue la marca de fábrica del pintor y uno de los elementos que más criticaron sus detractores, pero que le permitió producir una gran cantidad de cuadros”, concluyo Maisonneuve.

Las piezas de "Tintoretto, el nacimiento de un genio" estarán en el de Luxemburgo, de París, hasta el 1º de julio.

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