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Bigflo & Oli, la nueva sensación del rap francés

Por Florencia Valdés

El dúo Bigflo & Oli acaba de sacar su segundo álbum, La Vraie vie, en el que afianza su identidad musical: una mezcla de levedad y gravedad con letras muy pensadas en la pura tradición de la canción francesa.

Cuando hablamos del rap francés, a muchos les da urticaria. Consciente de eso, el dúo de Toulouse Bigflo & Oli dice que no hace rap sino que toca música de verdad. Lo cierto es que por el momento ha probado que tiene razón. Este 23 de junio salió a la venta su segundo disco La Vraie vie, la vida de verdad.

Un opus que mezcla la levedad cuando se habla de amistad, y la gravedad cuando se trata de las dificultades de la vida, cuando no se puede llenar un carrito de súpermercado y que los calcetines tienen agujeros...

Como en su debut con La Cour des grands (el patio de los grandes), este nuevo LP es una crítica del rap vacuo tradicional en el que, así lo dicen los dos hermanos, los tipos tienen músculos y las mujeres bailan al son de una música que las insulta. Con la canción “Personne” (nadie), reivindican, como en la canción francesa, escribir textos que tienen sentido diciendo que "nadie escucha las palabras" de las canciones.

Crítica social, retrato de la juventud actual, amor a la música y a la lengua... Con la madurez musical de estos dos chicos de tan sólo 21 y 24 años, pensaríamos que llevan años en los escenarios por el gran éxito que tuvieron apenas comenzar con un Disco de Oro y Disco de Platino hace dos años. Ahora, con La Vraie vie no se espera mucho menos, sobre todo porque dicen reivindicar influencias musicales típicamente francesas: Jacques Brel, Aznavour o Cabrel.

Sus influencias son múltiples: nacieron de un padre argentino y de una madre francesa de origen argelino, en el barrio popular des Minimes en Toulouse, la ciudad más hispanohablante de Francia. Recibieron desde muy pequeños una educación musical de primera, Oli o más bien Olivio Laurentino Ordoñez estudiaba la trompeta en el Conservatorio, mientras que Bigflo- Florian José Ordoñez estudiaba la batería. En 2010, cuando tenían 10 y 7 años, decidieron rapear. Y desde entonces no han parado.

Manejan la ironía como la rima, no le tienen miedo ni al violín ni a la competencia dopada con testosterona. Eso sí, aunque reciben la fama y la fortuna con los brazos abiertos, le tienen desconfianza al medio musical que arrasa con todo. Los que deberían desconfiar son los otros raperos que tienen ante ellos dos pesos pesados en dos cuerpos de casi adolescentes orgullosos de sus múltiples raíces.

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