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Para activar el cerebro, quitarle las pantuflas

Por Asbel López

Para gozar de una mente ágil, hay que realizar actividades que saquen al cerebro de la zona de comodidad donde suele instalarse. Dos investigadores en neurociencias explican qué debemos hacer para activarlo. Uno de ellos explica las astucias que utilizó para perder 50 kilos.

El cerebro representa escasamente un 2% del peso corporal y, sin embargo, consume un 24% de la energía que producimos a diario.

“Es un órgano costoso desde un punto de vista metabólico”, explica a RFI Luis Miguel Martínez Otero, director del laboratorio de neurociencias visuales del Instituto de Neurociencias de Alicante.

También es un órgano muy solicitado y por eso este investigador español en neurociencias lo describe como una “una máquina fantástica para encontrar regularidades en el ambiente y aprovecharse de ellas; por eso muchas veces vamos a perdernos algo que es potencialmente muy interesante pero que el cerebro ha aprendido a eliminar porque tiene una baja frecuencia de aparición”.

Luis Miguel Martínez recomienda por eso “ponerle de vez en cuando desafíos nuevos al cerebro para que no se acomode demasiado en estrategias ya aprendidas y esté más pendiente de cuestiones que, aunque tengan baja frecuencia en nuestro entorno, pueden ser muy relevantes”.

En otros términos, quitarle las pantuflas al cerebro, incomodarlo. O, si se quiere, forzarlo a trabajar de otra manera.

Cómo perder 50 kilos engañando al cerebro

El investigador francés Michel Desmurget, doctor en neurociencias y autor del libro “L’antirégime, maigrir pour de bon” (El antirégimen, adelgazar de una vez por todas), logró perder 50 kilos utilizando astucias para engañar al cerebro inspiradas en investigaciones recientes en esta área.

Su punto de partida fue que el cerebro no distingue entre un régimen y una hambruna. Cuando lo sometemos a una dieta estricta, todas las alertas se disparan porque piensa que estamos pasando hambre.

El cuerpo se convierte entonces en una especie de máquina que siente hambre todo el tiempo y busca la comida a toda hora.

Para evitar eso, su estrategia consiste en no dejar que la mente se percate de que estamos haciendo una dieta. Así lo explicó Desmurget a RFI:

“Nuestros mecanismos de saciedad no son muy finos. En una comida, por ejemplo, si usted come 15% más o 15% menos, esto no se va a notar. Hay por eso toda una serie de astucias para comer menos. Por ejemplo, no comer haciendo al mismo tiempo otra actividad. Si usted come mirando la televisión o escuchando la radio, comerá un 15% a un 20% más. También puede engañar al cerebro utilizando platos más pequeños. Visualmente, cuando uno come en un plato grande, uno tiene la impresión de que hay menos comida, pero si utiliza un plato más pequeño, parecerá que hay más comida. Todo eso sirve para engañar al cerebro. También hay que evitar todo lo que pueda hacerlo pensar en la idea de comida, ya que eso va a disparar la actividad de comer. Si usted ve comer a una persona, esto le va a dar hambre. O si ve alimentos encima de la mesa”.