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Brunéi aplicará las penas más duras de la sharia

Por Lucile Gimberg

El pequeño sultanato de Brunéi, situado en las costas de la isla de Borneo, en el sudeste asiático, se prepara a implementar las penas más duras de la ley islámica. El nuevo código penal entró en vigor el pasado 3 de abril, causando una ola de indignación mundial.

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Pena de muerte con lapidación para las relaciones homosexuales y el adulterio, y amputación de una mano para los robos. Estos son algunos de los castigos que prevé el nuevo código penal de Brunéi, pequeño país del sudeste asiático.

Entre las reacciones de indignación en el mundo, el actor George Clooney llamó a boicotear los hoteles de lujo vinculados al sultán de Brunéi. Le siguieron otros artistas y figuras políticas. Y a principios de abril, la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, denunció "un serio retroceso para la protección de los derechos humanos".

"Si esta revisión del código penal se aplica en su forma actual, la legislación contará con castigos que consideramos que son crueles, inhumanos y que violan gravemente el derecho internacional y los derechos humanos, como por ejemplo el caso de la muerte por lapidación", dijo a RFI Marta Hurtado, portavoz de la alta comisionada. "Estipula la pena de muerte para delitos como la violación, el adulterio o la sodomía, las relaciones sexuales extramatrimoniales con musulmanes, e incluso el insulto o difamación del profeta Mahoma", precisó Hurtado. "También criminaliza la exposición de los niños musulmanes a las creencias y prácticas de cualquier otra religión que no es oficial."

El sultán de Brunéi, Hosanal Bolkiah, en el poder desde hace más de 50 años, ya había anunciado en 2014 la introducción progresiva de la sharia pero hasta ahora su aplicación se había atrasado.

Violencia contra minorías

Para la ONU, este nuevo código penal podría alentar la violencia y las discriminaciones contra los grupos más vulnerables como mujeres, homosexuales o minorías religiosas.  

Brunéi cuenta con apenas 430.000 habitantes, la gran mayoría de religión musulmana. Pero un tercio de los bruneanos son minorías étnicas, chinas, indias o indígenas de Borneo, que son cristianos, budistas o de otras confesiones.

Naciones Unidas también exhortó al sultanato mantener su moratoria de facto sobre la pena de muerte. "La pena de muerte está incluida en la legislación de Brunéi, pero en la práctica Brunéi ha sido un país abolicionista porque la última ejecución tuvo lugar en 1957", explicó a RFI Marta Hurtado, vocera de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU.

Giro regional hacia un islam rigorista

Para el especialista del sudeste asiático Javier Gil Pérez, la decisión del sultán de Brunéi de aplicar las más penas más duras de la sharia se debe entender en un contexto regional de evolución hacia un islam más rigorista.

"A nivel regional, hace alrededor de 15 años - empezando en 2004 en Aché, Indonesia - se introdujeron las primeras penas basadas en la sharia. En el caso de Indonesia, solo en Aché, pero esto fue de alguna manera el pistoletazo de salida para que se introdujeran castigos coránicos en todo el sudeste asiático", explica el profesor de la Universidad Pontificia Comillas en España. En Malasia también, hay una presión cada vez más conservadora para introducir este tipo de castigos, aunque no tan severos como en Brunéi, apunta Gil Pérez.

En el caso de Brunéi, el investigador considera que el sultán lo hace porque tiene el poder absoluto del ejecutivo, "por lo tanto no tiene ningún tipo de oposición interna". Segundo, la reticencia internacional ha bajado, asegura. "Ahora mismo, las violaciones de los derechos humanos en el sudeste asiático están creciendo y lo hemos visto con el caso dramático de Birmania donde el gobierno ha podido hacer lo que ha querido contra su minoría rohinyá y no ha tenido la oposición frontal de la comunidad internacional."

El desarrollo económico, un somnífero para el pueblo

Otros expertos consideran que el sultán de Brunéi quiere fortalecer su imagen de apego al islam para asegurarse el apoyo de los más conservadores en un momento de debilidad de la economía petrolera y gasífera del país.

Aun así, Brunéi sigue ostentando el segundo lugar en Producto Interno Bruto per cápita, del sudeste asiático, después de Singapur. Y los recursos sacados del petróleo y del gas permiten un acceso gratuito a la salud y a la educación para la población.

"En Brunéi el desarrollo económico ejerce como un somnífero para el pueblo", opina el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid, Javier Gil Pérez. Además, en un país donde no existe ni prensa libre y ni oposición, es poco probable que la población reaccione a la aplicación de estos castigos severos, apunta el académico.

La implementación de estos castigos crueles, que podrían ahuyentar las inversiones occidentales, marca también un giro de Brunéi hacia las inversiones de China, que no critica a sus socios en materia de derechos humanos.

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