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Extrema derecha en Estonia: un voto de rebeldía contra el olvido

Por Angélica Pérez

Con unas encuestas que hasta hace poco vaticinaron lo contrario, el opositor Partido de la Reforma, de corte conservador, ganó las legislativas en Estonia. Y el partido EKRE, euroescéptico y antiinmigrante, fue la estrella al duplicar sus resultados y convertirse en la tercera fuerza política del país.

Los partidos de la Reforma y del Centro, las dos principales corrientes políticas desde que Estonia recuperó su independencia durante el colapso de la Unión Soviética en 1991, compartían en esta contienda electoral un mismo objetivo: evitar avances del EKRE.

Pero en los comicios del domingo este partido de extrema derecha duplicó sus resultados respecto a las legislativas de 2015, saltando del 8,1% de los sufragios y siete escaños a 18% y 19 sillas de las 101 que tiene en total el parlamento estoniano, conocido como Riigikogu.

Para la politóloga de la Universidad Complutense de Madrid y experta países del Este, el apoyo dado en las urnas dado a la extrema derecha del Ekret proviene fundamentalmente de las zonas rurales que se sienten excluidas de las políticas tanto de la Unión Europea como de los gobiernos nacionales. “Es el voto de los grandes perdedores de la globalización”.

La minoría rusa, manzana de la discordia

La líder conservadora de Reforma, la ex eurodiputada Kaja Kallas, ha descartado cualquier alianza con la extrema derecha del EKRE. En ese sentido, para la experta en geopolítica de los países del Este, Ruth Ferrero, la opción más probable para la coalición de gobierno es una alianza entre Reforma y los socialdemócratas, junto a las pequeñas formaciones que hasta ahora han estado gobernando en coalición con Centro.

Se esa coalición entre conservadores e izquierda saldría “un gobierno de centro derecha, conservador y moderado. El partido Centro, que es una formación de centro izquierda, comparte la línea económica de reforma. Lo que los separa es su aproximación a la minoría rusa que conforma un tercio de la población de Estonia”, estima la politóloga y precisa que esta población sería la “gran damnificada en caso de que reforma ponga en marcha durante su gobierno sus postulados respecto a la minoría rusa”.

De hecho, uno de los puntos de coincidencia de Reforma y EKRE – los dos en el espectro político de la derecha del país- es que ambos defienden que se elimine la formación obligatoria bilingüe en ruso y estonio.

El voto rebelde de los olvidados de Europa

Aparte la cuestión rusa, manzana de la discordia entre Reforma y Centro, las coincidencias en el plano económico de estas dos formaciones políticas que han tenido las riendas del país por casi dos décadas han llevado al país a  una situación envidiable: crecimiento económico fuerte, bajísima tasa de desempleo, recorte de la deuda espectacular. El panorama contario es germen para que florezcan los discursos de la extrema derecha en las poblaciones afectadas. ¿Por qué razón, entonces, avanza el EKRE en Estonia?

El clivaje entre el campo y la ciudad, responde enfática Ferrero. “La principal fuente de voto para Ekrit en estas elecciones viene de zonas rurales que se sienten abandonadas en este proceso de globalización. Se consideran las grandes perdedoras de la globalización. Y reaccionan votando por partidos de corte nacional-populista que les prometen recuperar determinados modelos productivos”.

Ferrero considera que ese clivaje entre el campo y la ciudad es uno de los problemas a los que mayor atención le deben prestar los dirigentes de la Unión Europea, UE, donde poblaciones, especialmente en el campo, se sienten olvidadas por razones de edad o de conocimiento, y son cooptadas por expresiones nacionalistas que les prometen dar salida a sus frustraciones.

Para Ferrero otra causa del auge de la extrema derecha en Estonia es un espíritu euroescéptico que se contagia en varios países de la Unión. “Dentro del EKRE también se habla del ‘Esixt’, una salida brutal de estonia de la Unión Europea, UE. Pero es una minoría, solo 18%, de la población, que propugna por ello”.

Cuatro países que hicieron parte de la extinta Unión Soviética hoy son gobernados por ultranacionalista. El llamado Grupo de Visegrád con el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, un nacionalista de extrema derecha”; el dirigente polaco Jaroslaw Kaczynski , un “ideólogo” obsesionado con Rusia y la muerte de su hermano gemelo; el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, que está más cerca a “un populista de izquierda”, y Babis en Republica checa,  que es una mezcla de Donald Trump y Silvio Berlusconi.

Los cuatro hacen parte de una tendencia, pero no se pueden definir como el mismo tipo de liderazgo. Cada uno tiene sus variantes. Según la experta en geopolítico de los países del este, la extrema derecha estoniana en ascenso se encuntra  más cerca de la extrema derecha de Hungría o de los grupos de ultraderecha de Alemania del Este.

“No podemos ya analizar las tendencias hacia el nacional-populismo en Europa del Este separándolas de lo que sucede en ese sentido en Europa Occidental. En definitiva, el hilo conductor es la revuelta de aquellos que consideran que ni la Unión Europea ni los gobiernos de sus respectivos países los han tenido en cuenta a la hora de desarrollar sus políticas públicas. Es un voto de rebeldía contra ese olvido”.

 

 

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