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Economía y finanzas
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En un entorno adverso, América Latina necesita invertir en infraestructuras

Por Orlando Torricelli

Horas perdidas en los transportes para ir o regresar del trabajo, días de carretera para llevar los productos hasta un puerto de embarque. Son problemas recurrentes en América latina que tienen un costo significativo sobre la economía regional, que si bien no son simples de cifrar, es evidente que condicionan sus perspectivas de desarrollo. Un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo recomienda precisamente más inversión en infraestructuras.

En promedio, el BID calcula que el costo de no añadir capital nuevo a la infraestructura de los países de la región equivale a alrededor un punto porcentual de pérdida de crecimiento del PIB. Mayores inversiones en infraestructuras, mejor orientadas, podrían elevar los niveles de crecimiento, indica el el informe del Banco Interamericano de Desarrollo.

La falta de una mayor inversión en infraestructura perjudica especialmente a los sectores más pobres, porque dedican una mayor parte de sus ingresos a estos servicios.

En su informe, el BID recomienda cerrar la brecha de infraestructura mediante una mayor y mejor inversión pública y atrayendo a más financiación privada, como fondos de inversión o fondos soberanos.

Hasta ahora, los países han buscado mejorar sus respectivas infraestructuras de tráfico, comunicación y energía. Pero la rápida evolución y la volatilidad del entorno exigen un cambio de paradigma: solo las infraestructuras conectadas
de forma inteligente y masiva serán una base sólida para el crecimiento futuro.
Un ecosistema interconectado es la base ineludible para nuevos modelos de negocios, que beneficien tanto a los ciudadanos e impulsen el desarrollo sostenible de la economía.

Las infraestructuras no solo es una cuestión de financiación, sino también de gestión y gobernanza, que solo pueden emanar de estados fuertes, que gocen de los medios para hacerlo y además estén preparados para la revolución tecnológica.

Entrevistado: Agustín Aguerre, gerente de infraestructura y energía del BID