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El calvario de las venezolanas embarazadas

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Una migrante embarazada venezolana y su compañero en un campo instalado por el gobierno colombiano, en Bogotá. © Reuters

La profunda crisis sanitaria que golpea a Venezuela afecta particularmente a las mujeres y jóvenes embarazadas que muchas veces deben recorrer varios hospitales para ser atendidas. Se han dado casos de mujeres que dan a luz en la calle. Otras huyen del país para dar a luz en Colombia, Brasil o Perú.


El llamado fenómeno del “ruleteo” no es nuevo en Venezuela: las mujeres y jóvenes prestas a dar a luz, deben recorrer varios hospitales o maternidades hasta encontrar aquel donde puedan ser atendidas, en virtud de la falta de personal o insumos médicos, agua o luz para recibirlas. Los primeros casos de ruleteo comenzaron a registrarse antes incluso de la muerte de Chávez. Pero en los años de mandato de Nicolás Maduro y la crisis económica que atraviesa el país, el fenómeno se ha vuelto endémico.

“Fui a todos los hospitales de Ciudad Guayana, hasta que me aceptaron en este maternidad”, explicó Yoli Cabeza, 37 años, quien atravesó la ciudad más grande del Estado Bolívar para ser atendida.

Médicos y enfermeros declaran estar obligados a rechazar la admisión de numerosos pacientes “porque no hay material quirúrgico o anestesia”.

“No hay tampoco lo necesario para mantener las normas mínimas de higiene, como el cloro, ni agua”, explica Silvia Bolívar, enfermera de la maternidad Concepción Palacio, la más grande de Caracas. Fundada en 1938, en los años 70 este establecimiento público se jactaba de ser una de las maternidades con más partos a nivel mundial (47.757 casos registrados en 1972). En 2017, se atendieron allí alrededor de 8.600 partos.

La debacle económica -2.500.000% de inflación en 2018, según el FMI-, entre otros factores, provocó la fuga de 22.000 médicos de Venezuela, entre 2012 y 2017, asegura un informe de ONG. Además, el 90% de los medicamentos no se consiguen en el país. Los pacientes y mujeres embarazadas deben aportar todo lo necesario para ser atendidos en los hospitales, lo que es imposible para los venezolanos más pobres. El material para una cesaría, por ejemplo, cuesta alrededor de 90 euros, mientras que el salario mínimo es de apenas 1.800 bolívares, equivalente a 5 euros.

A finales de octubre pasado se hizo viral un video de una joven dando a luz en una concurrida avenida de Caracas. La mujer fue auxiliada por los ciudadanos hasta que la Policía Nacional de Bolivariana la llevó hacia un centro asistencial.

“Partos humanizados”

El gobierno venezolano ha hecho todo lo posible por negar la crisis humanitaria en su país; tampoco ha aceptado la ayuda ofrecida por parte de varios países de la región. En julio 2017, anunció un plan de ayuda financiera, “Para un parto humanizado”, para las futuras madres, a quien ofrecía 700.000 bolívares mensuales por cada embarazo. Pero un año después tuvo que admitir que este plan no había tenido resultados satisfactorios.

En 2017, la entonces ministra de salud venezolana, Antonieta Caporale, anunció que la tasa de mortalidad infantil en el país había aumentado en más del 30%, y que 11.466 neonatos habían muerto en 2016. Esas revelaciones le costaron el cargo a Caporale, quien fue destituida el día siguiente por orden presidencial.

Todos estos factores han empujado a muchas venezolanas embarazas a emprender el camino del exilio. Muchas han viajado a pie en los últimos meses a Colombia, Brasil o Perú para dar a luz fuera de Venezuela. Otras han tenido que dar en adopción a sus bebés o los abandonan, por no tener con qué mantenerlos.