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¿Quiénes son los electores de Bolsonaro?

Por Francho Barón

El próximo 28 de octubre, Brasil se juega su futuro político. Las cartas parecen echadas puesto que el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro lidera todos los sondeos de opinión. Pero, ¿quiénes son sus votantes?

Por Francho Barón, desde Río de Janeiro.

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Jair Bolsonaro se ha mantenido a la cabeza en todos los sondeos de opinión. Su militancia se suele referir a él como “capitán” o “mito”, pero también hay muchos votantes que lo ven, sobre todo, como el antagonista del Partido de los Trabajadores y de un panorama político corroído por la corrupción.

“Bolsonaro es una incógnita. No sé lo que hará, puede sorprendernos, pero el hecho de no tener ninguna hipoteca en su vida política y de no haber sido preso en la operación Lava Jato ya es algo bueno”, estima José Orlando Lopes, votante de Bolsonaro.

“Fue el único que en los últimos 28 años no ha robado dinero público. Es una persona honesta que valora principios que yo particularmente defiendo, como la familia y la bandera brasileña”, considera la ciudadana Alexandre Costa.

Otros partidarios despliegan la lista de cualidades que ven en este político que lleva 27 años como diputado. Ataviado con indumentaria militar, Pedro Silva explica que según él, es “una persona que no es de mala índole. Una persona que sabe respetar y respeta a los gays, a los brasileños del nordeste, a los negros y hasta a los extranjeros. No tiene nada contra nadie. El problema es que los medios de comunicación mienten”.

A lo que Daniel Alencar, miembro de un grupo católico, añade: “Los principios que comparto con él son, para empezar, la defensa de la familia, el combate a las drogas y el combate a la criminalidad. También el combate a la corrupción. Sigo a Bolsonaro desde hace bastante tiempo y comparto con él el rechazo a la ideología de género que se predica en las escuelas”.

La realidad es que Bolsonaro ha hecho saltar por los aires los manuales de estrategia electoral clásica. No contaba con un presupuesto elevado ni con una gran estructura de campaña. El pasado 6 de septiembre, el candidato ultraderechista fue víctima de un atentado en un acto público, en el que casi perdió la vida. Desde entonces, paralizó prácticamente sus apariciones en público, lo que no le impidió seguir sumando votos.

“Bolsonaro llegó a la segunda vuelta de las elecciones con ocho segundos de propaganda en la televisión y 21 días en una cama de hospital. Esto es un fenómeno. Fue la sociedad la que lo llevó a la segunda vuelta. Las redes sociales y la movilización en todo el país, espontáneamente y sin ningún tipo de comando central”, comenta el sociólogo Ricardo Ismael.

Pese a su amplio historial de declaraciones polémicas y a las acusaciones a las que se ha enfrentado por misoginia y homofobia, Bolsonaro ha conseguido que su discurso de línea dura y ultraconservadora cuaje en el electorado.

Sus electores pertenecen sobre todo a las clases más pudientes y a las clases medias venidas a menos, aunque también tiene penetración entre los más pobres. Los colectivos evangélicos, católicos y militares también se inclinan por su candidatura.

Para la opositora Ana Carolina Costa, militante del partido Socialismo y Libertad, “llega como si fuera algo nuevo, pero en verdad no tiene nada de nuevo. Al contrario, representa lo más atrasado, reaccionario y conservador. Uno de los motivos de su crecimiento está relacionado con el aumento de la miseria y con la masacre de la clase trabajadora”.

Para ello, el capitán retirado hace uso de un lenguaje directo y fácil de entender, explica el sociólogo Ricardo Ismael: “Sus ideas son muy simples. No es una persona sofisticada como puede ser Emmanuel Macron. No es de esos tipos que dicen algo que acaba siendo transformado en un artículo. Él se comunica de la forma más simple con el electorado”.

La figura de Jair Bolsonaro no deja a nadie indiferente. Despierta filias y fobias. Y representa una brecha clara entre el Brasil conservador y el progresista. Pero sobre todo, se ha consagrado como un fenómeno social y político que no se veía desde la llegada al poder de Luiz Inácio Lula da Silva.

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