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¿Qué originó el incendio del Museo de Río de Janeiro?

Por Efraín Rodríguez Valdivia

Las irreparables pérdidas, tras el voraz incendio en el Museo Nacional de Rio de Janeiro, estarían ligadas a sus constantes recortes presupuestales. La falta de conciencia para la preservación del mayor museo de historia natural y antropológica de América Latina y los recortes a las arcas internas explicarían en parte la falta de dispositivos de seguridad.

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Ésas son las primeras conclusiones del investigador de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, Pablo Gentili, quien explica desde Brasil la precariedad por la que atravesaba el museo. “El museo pasó de 100 millones de dólares a diez millones anuales. Así no se puede tener museos con planes de seguridad y restauración”, detalla.

Creado en 1818 por el rey Juan VI e instalado desde 1892 en el ex palacio imperial de San Cristóbal, el museo es un importante centro de investigación y estudio, integrado desde 1946 a la Universidad federal de Río de Janeiro. Su biblioteca contaba con 537.000 obras de las cuales 1.560 era únicas. Conservaba más de 26.000 fósiles, entre ellos un esqueleto de dinosaurio descubierto en Minais Gerais y numerosos especímenes de otras especies extinguidas como el oso perezoso de ojos gigantes y tigres dientes de sable.

Su colección de antropología biológica comprendía al más antiguo fósil humano descubierto en Brasil, conocido con el nombre de "Luzia". Su departamento de zoología incluía una excepcional colección de peces (600.000), anfibios (100.000), moluscos, reptiles, conchas, corales y mariposas. Todo esto se perdió tras el incendio que arrasó todo el edificio. Para el investigador Pablo Gentili, el museo era una pieza fudamental de la identidad y orgullo brasileño.

El museo, que hoy ha desaparecido casi en su totalidad, ya tuvo otro episodio adverso en 1995 cuando sufrió una inundación y filtraciones. Éstas dañaron una colección de momias egipcias de más de 3.000 anos de antigüedad. Ahora, tras el voraz incendio, la Unesco ha puesto a su disposición todos sus equipos de restauración y recuperación para ver qué quedó entre los escombros.

En tanto, Marcelo Araujo, presidente del Instituto Brasileño de Museos, deplora la pérdida e indica que el museo, a pesar de las dificultades, mantenía las medidas de seguridad necesarias.

Entrevistados: Pablo Gentili, investigador de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, y Marcelo Araujo, presidente del Instituto Brasileño de Museos.

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