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Nicaragua: ’Es la reedición de una dictadura familiar dinástica’

Por Angélica Pérez

Cómo es que el país que hace 39 años celebraba en las calles el triunfo de la Revolución popular que, liderada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), logró sacar al dictador Anastasio Somoza del poder, esté hoy sometido a una represión que emula los años negros del somocismo. Para la ex comandante sandinista Dora María Téllez, quien a sus 22 años asaltó en 1978 y bajo la dirección del líder guerrillero Edén Pastora, el Palacio Nacional de Managua, el presidente Daniel Ortega ha reeditado la dictadura de Somoza para monopolizar el poder, controlar todos los podes públicos, repartirse cargos y privilegios y eliminar cualquier vestigio de oposición.

El 19 de julio de 1979, un estallido de felicidad hizo eco en el continente latinoamericano: Nicaragua celebraba el triunfo de la revolución sandinista y la caída de la dictadura de los Somoza. Cuatro décadas después, el pueblo nicaragüense le grita al presidente Daniel Ortega -artífice de la gesta sandinista- que detenga la brutal represión y que se vaya del poder al que ha convertido en una dictadura al servicio de su familia.

RFI: ¿Cómo logró el ex guerrillero reciclar el modelo autoritario y corrupto somocista?

Dora María Téllez: - Es la reedición de una dictadura familiar con pretensiones dinásticas que vino haciendo un proceso de acumulación del poder, especialmente en los últimos diez años. Alineó todas las instituciones por la vía de la corrupción, la cooptación o la fuerza. El modelo de Ortega es idéntico al que adoptó el primer Somoza, que se basaba en lo siguiente: en primer lugar, una alianza muy profunda con el gran capital, los sectores oligárquicos. No son alianzas políticas, sino que en realidad son acuerdos para distribuirse cargos, privilegios, prebendas a partir del poder público. En segundo lugar, el alineamiento de las fuerzas: la policía y el ejército nacional. El tercero tiene que ver con el hecho de que no existe, en este modelo de régimen, una política pública definida, sino que se van definiendo sobre la base de intereses de estos arreglos de poder. Ortega acompañó este modelo de monopolio de los medios de comunicación, compraron, cooptaron y eliminaron a los medios independientes en su inmensa mayoría, o los sometieron a una enorme presión. Y luego trató de obtener una cooptación de la Iglesia católica, pero ahí la jerarquía de esta institución tuvo más apego a los problemas de sus comunidades y presentó una resistencia mayor. Luego, Ortega se fue contra todo el movimiento social -el movimiento campesino, el de mujeres, el juvenil- para tratar de descabezarlo. Terminó descabezando los partidos políticos y eliminó legalmente a las formaciones que hacíamos oposición.

Haciendo historia, ¿qué le ocurrió a ese sandinismo después de que triunfó la revolución? Se cuestionó mucho el manejo del poder una vez los revolucionarios asentados en él…

- Si bien las reivindicaciones sociales de la revolución eran del pueblo nicaragüense en general, de alguna manera la conducta política de la revolución era como de partido único y eso fue convirtiéndose en un comportamiento excluyente que terminó confrontado a una cantidad importantísima de sectores de la vida nacional. La revolución sandinista no tocó la médula del sistema político del país. Ha seguido siendo un sistema en el cual el Ejecutivo tiene enormes capacidades de corrupción, de cooptación, de alinear a las otras instituciones del Estado, y por otro lado estaba la política de la administración Reagan que colocó a Nicaragua en parte de la disputa entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, de modo que aquí se produjo también una típica batalla de la Guerra Fría. Lo otro que se produce al final del gobierno revolucionario, en los años 80, es cuando ya el Frente Sandinista perdió las elecciones que se produce este fenómeno que se llama “la piñata”, que consistió en la apropiación indebida de bienes del Estado por un grupo de líderes del Frente Sandinista.

¿Qué características tiene el movimiento opositor de hoy?

Esta es, por primera vez en la historia de Nicaragua, una lucha cívica en la que no se está tratando de resolver la contradicción entre la dictadura y el pueblo nicaragüense por la vía armada. En 1979 nosotros resolvimos esa contradicción con las armas, aquí estamos hablando de resolver esa contradicción por la vía cívica. Esto implica unos grandes desafíos para el pueblo nicaragüense porque estamos habituados a otro modelo de resolución de conflictos. Yo creo que la inmensa mayoría de los partidos políticos tienen un colapso, evidentemente, y si quieren seguir jugando en la realidad política nacional tienen que resolver los desafíos que esta enorme y amplia movilización de jóvenes está presentando en el sistema político y el liderazgo del país. Yo tengo confianza en que la vía que lleva esta gran revolución cívica puede contribuir a tocar a profundidad una reforma del sistema político nicaragüense para evitar que cosas como ésta vuelvan a suceder.

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