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Los grandes retos de López Obrador, ¿inalcanzables?

Por Angélica Pérez

A Andrés Manuel López Obrador le llegó el momento de transformar el estribillo anticorrupción de su campaña en políticas públicas para superar la desigualdad y la violencia, los grandes males que nacen de la corrupción que gangrena a México según la vision del electo presidente.

Por Angélica Perez, enviada especial de RFI a Ciudad de México

Se trata de un país petrolero que cuenta con el hombre más rico del mundo, pero en el que 52% de la población económica activa tiene un ingreso inferior al salario mínimo y muchos trabajadores, como los de las gasolineras, viven de las propinas.

Por eso, el primer gran reto para el nuevo gobierno de izquierda, en la lectura del analista Leornardo Curzio será “el tema de los sueldos y de la productividad para que democraticemos el mundo del trabajo y tengamos sindicatos libres. México es un país donde no hay huelga”, subraya a RFI en español. “Aquí la representación obrera es un sistema cupular muy corrupto, absolutamente vertical y corporativo. Entonces, si no metes una dinámica de democratización del mundo del trabajo es muy difícil que eleves salarios y competitividad. Uno de los grandes elementos de la modernización es ese”, recalca.

López Obrador recibe un país que acumula en 12 años de gobierno del PAN, con Calderón, y el PRI con Pena Nieto, la cifra oficial de 234 mil homicidios, 80 por día, más de 35 mil desaparecidos, cientos de miles desplazados internos, además de un alto índice de feminicidios, secuestros y tortura. Y 120 activistas y candidatos de todos los partidos asesinados durante tres meses de campaña.

Para el nuevo presidente de México, la paz pasa por la justicia social y la verdad. Y los defensores de Derechos Humanos le acompañan en esta causa.

“Se tiene que investigar qué fue lo que ocurrió, y aquellos servidores públicos actuales o que tuvieron que ver en administraciones pasadas, por acción o por omisión, tienen que ser juzgados”, reclama Rocío Culebro, directora del Instituto Mexicano de DDHH y Democracia. “Pero también debe de haber un momento de reconciliación de las familias. Estas mamás que buscan a sus hijos, a sus esposos… tenemos que saber qué fue lo que ocurrió, por qué desaparecieron esas personas”, reclama.

Cientos de miles de mexicanos abandonan cada año sus regiones y emprenden una peligrosa travesía hacia EEUU. Los 28 mil millones de dólares que envían aquellos que logran cruzar el muro constituyen la principal fuente de ingreso de México. López Obrador propone invertir el dinero público, que hoy se desvía hacia la corrupción, en políticas sociales para que los mexicanos que se vayan del país lo hagan por gusto y no por obligación. ¿Pero, cómo hacerlo? “Hay que atender a los estados que están expulsando a los migrantes. Hay que recuperar el campo porque la gente sale de sus lugares de origen, deja sus tierras porque el campo está abandonado, sin recursos, mientras que la violencia y el narcotráfico están ahí, gobernando esos lugares, fundamentalmente en Michoacán, Guerrero, Veracruz”, opina Soraya Vásquez, del comité estratégico de Ayuda Humanitaria en Tijuana, frontera con EEUU.

“También habría que ver cómo será la relación con nuestros vecinos del sur porque recibimos su migración. Debería haber un flujo más ordenado, un programa donde se pueda ubicarlos, donde exista una mayor oferta laboral. Como país, México tiene esa obligación. Hay que ver cómo favorecer las economías de estos países, como aliados y vecinos. Tenemos que mirar al sur”, afirma.

Mirar al sur es un reto para el recién electo presidente de México, separado por un muro de concreto y de ideas de Donald Trump.

Víctor Alejando Espinoza Valle, politólogo del Colegio de la Frontera Norte en Baja California, estima que la evolución del trato con el vecino del norte es fundamental. “La relación que a mí me preocupa es con Estados Unidos. Este vínculo ha sido siempre asimétrico y con un gobernante como Trump es uno de los desafíos más grandes con un presidente hostil”. “Lo otro que tiene que hacer este nuevo gobierno es voltear la vista hacia América latina. Todo el período neoliberal nos embelesamos con ser como los estadounidenses y dejamos de lado la historia con América latina, donde no sólo se trata de relaciones culturales y comerciales. Se pueden generar alternativas a una mala relación con Estados Unidos”, opina.

El nuevo presidente tiene seis años para hacer palpable lo que denomina la "cuarta revolución" de México, sentando las bases de un estado social de derecho y relanzando su potencia económica.

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