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Francia Martinica Guadalupe salud pesticidas Ecología Medio ambiente

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En las Antillas francesas, el 95% de la población contaminada por un insecticida

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En un cultivo de patatas dulces en Saint-François, en el oeste de Guadalupe, en abril de 2018. HELENE VALENZUELA / AFP

Martinica y Guadalupe, dos departamentos franceses de ultramar, enfrentan uno de los peores escándalos sanitarios del país. Casi todos los habitantes de estas islas han sido contaminados por la clordecona, un pesticida extremadamente tóxico, prohibido en los años 90 pero aún presente en los suelos.


Más de 9 de cada 10 habitantes actuales de Martinica y Guadalupe fueron expuestos a la clordecona, un potente pesticida empleado masivamente en los cultivos bananeros de estas islas entre 1972 y 1993, año en que su uso se prohibió enteramente. 

La razón, explica el diario Le Monde, que reveló la magnitud del escándalo sanitario, es que la molécula de la clordecona persiste en el medio ambiente hasta 700 años después de haber sido esparcido.

"Hoy en día, el químico, que pasa a la cadena alimentaria, disemina su veneno por todos lados", explica el periódico francés. "No solamente en los suelos, pero

también en los ríos, en una parte del litoral marino, en el ganado, en las aves, los pescados, los crustáceos, los vegetales y las raíces... y luego en la población."

Un estudio de la agencia francesa de salud pública estima que el 95% de la población de Guadalupe y el 92% de Martinica han sido contaminados por un promedio de 0,14 microgramos por litro de sangre. 

¿Qué efectos tiene este insecticida sobre el ser humano? La clordecona es un interruptor endoctrino con diferentes consecuencias. En 1977, los obreros estadounidenses que producían el químico desarrollaron problemas como pérdida de memoria, del habla y de motricidad o movimientos desenfrenados de los globos oculares, por lo cual fue prohibido en ese país.

Hoy se le acusa de aumentar las posibilidades de desarrollar cáncer de prostata -Martinica presenta la tasa más elevada del mundo-, de fomentar nacimientos prematuros y de limitar el crecimiento cognitivo y motriz de los bebés.

Las autoridades hacen la vista gorda

Al conocerse los riesgos ambientales, a principios de los años 2000, el Estado bloqueó el acceso a ciertas zonas infectadas en las islas. Pero informes de expertos concluyeron que los residuos de químico que persisten en los alimentos no son inofensivos.

Hasta ahora el Estado francés no han querido reconocer que haya un vínculo directo entre los casos de cánceres de prostata y el uso de la clordecona.

Según Le Monde, el Inserm (Instituto nacional de salud y de investigación médica) debía realizar un estudio en 2013 para confirmar este vínculo, pero su financiamiento fue rechazado por el Instituto francés de cáncer, cuya presidenta era en la época la actual ministra de la Salud, Agnès Buzyn.

La ministra respondió a las preguntas del diario francés explicando que de todas maneras la cuestión de los residuos de pesticida en la comida "es responsabilidad del ministerio de Agricultura".

En 2006, la Confederación de campesinos y algunas asociaciones presentaron una queja ante la fiscalía, pero la investigación no ha avanzado desde hace 12 años. "El ministerio público no ha dejado de bloquear el caso", denuncia uno de los abogados de los demandantes.

Entretanto, en el mes de mayo, sindicatos del mundo agrícola de las dos islas han formulado una petición conjunta en las prefecturas para reclamar que el Estado tome a cargo los gastos médicos de las víctimas y las indemnice