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Acabar con las maras de Honduras para frenar la migración a EEUU

Por Angélica Pérez

Las pandillas de jóvenes criminales aumentan notoriamente en Honduras, el país más violento de mundo de aquellos que no están en guerra. Y el segundo más pobre de América latina. Autoridades de Estados Unidos viajaron a Tegucigalpa para diseñar con sus pares hondureños políticas de erradicación de las llamadas maras. Una estrategia de Washington para frenar la migración.

Autoridades policiales, de la fiscalía y la patrulla fronteriza de EEUU se reunieron durante cuatro días en Tegucigalpa con funcionarios locales de la justicia y agentes de investigación criminal y antinarcóticos para diseñar estrategias conjuntas tendientes a erradicar las llamadas “maras”.

Según el experto en pandillas juveniles que operan en Centroamérica, José Miguel Cruz, el interés del gobierno de Donald Trump al involucrase en las políticas de seguridad y combate a la criminalidad en Honduras es frenar la creciente migración hacia Estados Unidos de hondureños que huyen de la miseria y la inseguridad.

"Las pandillas, la inseguridad y la criminalidad están empujado a mucha gente a salir del país, especialmente a la gente con pocos

recursos y a los llamados menores no acompañados de adultos que no tienen otra opción que migrar hacia Estados Unidos”, afirma el director del Centro de Estudios latinoamericanos de la Universidad Internacional de La Florida.

El experto en violencia criminal precisa que esta gran ola de inmigrantes es víctima, o se percibe como tal, de la acción de las pandillas y de otros grupos criminales de Honduras. “La gran mayoria de los migrantes hondureños, salvadoreños y guatemaltecos no son criminales. Están huyendo de la inseguridad y de la precariedad de sus países donde el Estado no les garantiza protección”, afirma Cruz

“Honduras es uno de los países que menos invierte en programas sociales. La precariedad, la marginalidad y la baja calidad de los servicios sociales y de la educación convierten a las pandillas en la única opción de vida para los jóvenes.”

Los tres países centroamericanos con presencia de pandillas juveniles no han tenido políticas consistentes, integrales y desarrolladas de prevención y de rehabilitación hacia los pandilleros, destaca el investigador en políticas públicas y seguridad. “La respuesta de los gobiernos de Guatemala, el Salvador y Honduras a los altos niveles de criminalidad ha sido represiva, con medidas militarizadas, sin atender a las condiciones que llevan a estos niños a unirse a las maras”.

La Mara Salvatrucha y la pandilla Barrio 18 están integradas en Honduras por jóvenes entre los 12 y los 30 años de edad. A diferencia de El Salvador donde su presencia es rural, concentran su accionar en las grandes metrópolis como San Pedro Sula, capital económica del país y ciudad más violenta del mundo con una tasa de homicidios de 142 por cada 100 mil habitantes. Le sigue La Ceiba con 95 homicidios por cada 100 mil habitantes y, en tercer lugar, Tegucigalpa, la capital política, con 81 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Según un trabajo de campo de Insigth Crime y la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) las dos pandillas están evolucionando con niveles de violencia y extorsión que las convirten en organizaciones criminales más sofisticadas.

Entrevistado: José Miguel Cruz, director del Centro de estudios latinoamericanos de la Universidad Internacional de la Florida.

 

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