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De la deforestación sudamericana a los platos europeos (3/3): la soja transgénica, ¿vital para el mercado francés?

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Des OGM interdits en Europe ont ét distribués à des animaux (photo d'archives). Christophe Carmarans / RFI

Comprar un pollo criado en Francia significa contribuir a la desforestación en países de América del Sur. La ONG Mighty Earth ha revelado que una gran parte de la soja con la que se alimenta el ganado en Europa es importada de Brasil, de Argentina y de Paraguay, donde la producción industrial de soja transgénica está directamente vinculada con la desforestación. RFI y varios medios europeos se asocian para publicar la investigación de Mighty Earth y contar cómo la soja genéticamente modificada acaba en los platos europeos. Tercer capítulo.


Un artículo de Marie Normand y Simon Rozé, traducido al español por Melissa Barra,

A pesar de haber prohibido en 2008 el cultivo de productos transgénicos en su territorio, por motivos sanitarios y ecológicos (vea el cuadro al final del artículo), Francia autoriza su importación para poder seguir alimentando sus animales de granja con soja genéticamente modificada. Ninguna ley obliga a los supermercados a mencionar este método.

>> Lea el primer capítulo  “De la deforestación sudamericana a los platos europeos: la soja tóxica”

>> Lea el segundo capítulo  “De la deforestación sudamericana a los platos europeos: ¿las cerealeras saben?”

Cerca de 3,5 millones de toneladas de soja llegan a Francia cada año. Dos tercios llegan en forma de harinas, lo que queda una vez que el aceite se ha extraído del grano. Alrededor del 12% de esta soja proviene de Argentina y de Paraguay. “La soja brasileña es la más corriente”, explica Patricia Le Cadre, responsable del polo alimentación y producción animal del Centro francés de estudios y de investigación sobre la economía y la organización de productos animales (CEREOPA). 90% de esta soja es transgénica, de tipo “Roundup Ready”. ”En Francia estamos muy apegados a la calidad brasileña porque su soja tiene muchos aportes proteínicos”, precisa Le Cadre.

Las cualidades nutricionales de la soja hacen que sea indispensable para los criadores. “Debemos completar los recursos forrajeros de nuestras explotaciones”, explica Laurent Thiaucourt, director general de la empresa Lorial, que fabrica complementos alimenticios para animales de granja. “El pasto no sirve solo para producir leche o carne. Las necesidades fisiológicas de los animales no dependen solo de la composición de tal o tal pasto. Hay que proveer complementos.” Complementos como la soja sudamericana.

Cuando se vuelve harina, esta soja sirve para producir la mezcla que los criadores dan a sus animales y así mejorar su productividad.

¿Estos ganaderos saben que la soja es transgénica? “Es una gran problemática de la profesión”, afirma Laurent Thiaucourt. ”No es por voluntad de los criadores, son los consumidores quienes generan una demanda a la cual debemos adaptarnos. Para los ganaderos, sus vacas producen igual con o sin productos trangénicos. No les molesta que sea transgénico.” Laurent Thiaucourt pregunta luego: “Si hablo de ‘terapia génica’ todo el mundo sonríe, ¿entonces por qué se tiene una imagen positiva en la medicina humana, y una imagen negativa en la producción vegetal?”

Pero, ¿importar soja transgénica es realmente indispensable? “En Francia estamos desarrollando el sector de la soja”, explica Patricia Le Cadre. “Pero su producción es más costosa. Tendríamos que vender más caro los animales de crianza, ya que la harina de soja con la que los alimentaríamos competirían con la que ya importamos”.

“Un 40% de las aves consumidas en Francia son importadas”, agrega François

Cholat, presidente del Sindicato francés de la industria de alimentación animal (SNIA). “Tenemos mucha cautela con respecto a la competitividad de nuestras empresas. Somos muy buenos en términos de gama alta, pero lo que nos importa sobre todo es poder satisfacer la demanda cotidiana de los franceses”. Cholat acepta que la industra de la soja sudamericana “no es completamente transparente”, pero que “poco a poco se va mejorando”.

Alimentar a los animales de granja es lo más costoso para un agricultor. “Representa 60% de mis ganancias”, dice Hubert Simon, criador de cerdos en la región del Finisterre, en Bretaña. Dice no darle soja transgénica a sus animales, pero que no puede evitar importar: “proponer un producto de calidad a nuestros consumidores es nuestro desafío. Pero no estamos dispuestos a pagar cualquier precio. Preferimos importar un poco más de soja, aunque el sector francés se esté desarrollando cada vez más.”

Etiquetas opcionales

Sin embargo, los métodos de Hubert Simon no son regla en Francia. En los supermercados, muchos productos llevan la etiqueta “Criado en Francia”, pero no mencionan obligatoriamente el origen de la alimentación de los animales, ni el uso de transgénicos.

Christophe Noisette es el jefe de redacción del diario Inf’OGM y según él, “la alimentación con soja Roundup Ready es totalmente legal en la Unión Europea y se les hace saber a los ganaderos que los productos son transgénicos.”

La legislación no parece estar a punto de cambiar: “el miedo de las industrias es que si al jamón, al queso y a la leche de animales alimentados con transgénicos se les pone una etiqueta, sus productos se retiren de los supermercados por presión del consumidor”.

Pero es posible poner de manera voluntaria la inscripción “sin transgénicos”, aunque pocos lo hagan. “Los productores temen ser penalizados si llegan a poner ese tipo de etiquetas y si se comprueba luego que el producto está contaminado por error”, resalta Noisette.

Las empresas agroindustriales, los supermercados y los restaurantes tienen consciencia de la situación. Estiman aún así que sería muy complicado cambiar de método. El grupo agroalimentario Danone dice saber que la soja es cosechada principalmente en Brasil, Argentina o en Estados Unidos. “Es el único cereal transgénico que puede ser importado”.

La empresa afirma no obstante que ve de manera favorable los programas que participan al desarrollo del sector en Francia. Una opinión que comparte el grupo avícola Loué, Maître, Coq, que dice haberse comprometido a dar comida sin transgénicos a sus animales. Empresas como la carnicería Bigard o Sodexo se negaron a responder a las solicitudes de RFI.

Del lado de la comida rápida, la vicepresidente de Compras, Calidad, Sostenibilidad y Comunicación de McDonalds, Delphine Smagghe, respondió: “Para alimentar a nuestros pollos, nuestro reglamento nos prohíbe desde 2006 el uso de soja transgénica y vinculada con la deforestación.” Pero no es el caso para la carne: “En ese ámbito, seguimos lo que se hace en la ganadería francesa”, es decir que la soja es importada y transgénica. El grupo insiste sin embargo en que su origen es brasileño.

Desde hace varios años, el grupo Carrefour aborda el tema de sus productos. Los huevos de su ‘Sector Calidad Carrefour’ son de gallinas alimentadas con soja francesa. “Así limitamos la importación de alimentos y su impacto ecológico”, explica la empresa en su sitio web. Remi Lecerf, responsable de Agricultura y Calidad de Carrefour, asegura que esto implica una diferencia de precios del 10% al 15% para el consumidos. RFI trato de contactar a los grupos Auchan y Les Mousquetaires, sin resultados.

¿Francia lideraría las medidas europeas?

Mighty Earth afirma que Francia, como gigante en el mercado de la soja

sudamericana, tiene cierto peso. En el Plan Clima presentado en el 2017, el ministro de Medioambiente francés Nicolas Hulot, prometió la adopción en 2018 de una estrategia nacional para acabar con la “deforestación importada”. En julio de este año se empezarán a trazar las grandes medidas, según el ministerio.

Un anuncio que entusiasma Greenpeace Francia. “Es urgente cambiar nuestro modelo agrícola, basado en las importaciones de soja. Pero también debemos reducir nuestro consumo de carne”, afirma Cecile Leuba, encargada de campañas.

La ONG estima sobre todo que Francia no puede seguir actuando sola. “Habrá que movilizar estos objetivos a nivel europeo. La UE tiene otro peso a la hora de negociar con países que producen soja como Brasil o Argentina”. Si la Unión Europea y los países del Mercosur concretizan un Tratado de Libre Comercio, “las importaciones francesas de carne y de soja sudamericanas van a aumentar”, estima Greenpeace y agrega: “Esto sería una catástrofe”.

 

 

Cultivos transgénicos en Europa

Desde 2001, una directiva europea autoriza la cultura en su territorio de un solo vegetal modificado en la UE: el maíz MON810, de la controvertida firma Monsanto. Esta legislación invoca el principio de cautela sanitaria y ecológica, es decir para prevenir efectos posibles sobre la salud y el medio ambiente, a la espera de evaluaciones de efectos a largo plazo o de análisis de organismos tecnológicamente modificados nuevamente producidos.

En 2008, Francia decidió ir más lejos aún, prohibiendo todos los transgénicos, incluyendo el maíz MON810 de Monsanto. Sin embargo, otros países lo siguen cultivando en masa. Es el caso de España (107 000 hectáreas), Eslovaquia (104 000 hectáreas) y Portugal (8 000 hectáreas), por ejemplo.

Para poder seguir soportando la demanda de consumo, la Unión Europea siguió autorizando la importación y el tránsito en su territorio de materias transgénicas para consumo humano y animal. En abril 2015, se sumaron 19 a los 51 productos autorizados por la EU. Entre ellos: algodón, remolacha, maíz, soja y colza.

Activistas medioambientales y de salud pública hacen presión en el Parlamento europeo para que cesen estas importaciones.

Puede también consultar aquí los detalles del informe completo "La crisis evitable: la catástrofe medioambiental de la industria europea de la carne".