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Costa Rica: candidato evangélico capitaliza rechazo a matrimonio gay

Por Angélica Pérez

El ultra conservadurismo religioso, la indecisión y la volatilidad del voto marcaron la campaña presidencial Costa Rica. El país centroamericano elige este domingo presidente en un ambiente de gran incertidumbre.

Hace un mes el candidato Fabricio Alvarado contaba con 3% en la intención de voto, pero en cuestión de días saltó al 17 % convirtiéndose en el favorito de los electores costarricenses en plena recta final de la campaña.

La disparada meteórica de este predicador y cantante evangélico se dio a partir del fallo emitido el 9 de enero por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, que ordena a todos sus países miembros a habilitar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Enardecido, el candidato evangelista acusó a la CIDH de violentar la soberanía de Costa Rica y llegó incluso a decir que -de ganar la presidencia- sacaría al país del Sistema Interamericano de DDHH.

Pero no fue solo Fabricio Alvarado quien hizo eco de las iglesias y arremetió lanza en ristre contra la decisión de la Corte.

La mayoría de los 13 aspirantes a remplazar a Luis Guillermo Solís en la jefatura del Estado transformaron su discurso electoral en una diatriba contra el matrimonio gay que les ha permitido capitalizar votos.

“Es un chok religioso”, dicen los expertos del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica, CIEP, que han estudiado este fenómeno.

Así la corrupción y la inseguridad, temas de comienzo de la campaña, desaparecieron de la narrativa de los candidatos para ser remplazados por la llamada ideología de género.

Tal es el caso del empresario inmobiliario y bananero, Antonio Álvarez Desanti, postulado por el Partido de Liberación Nacional, PLN, el más tradicional del país, quien abandonó sus posiciones de defensa de derechos humanos en temas de sensibilidad religiosa, para en un tono autoritario y sin que se lo pregunten apoyar su rechazo al aborto y al concepto de “ideología de género”.

Una estrategia retórica que le ha jugado doble pues si bien lo catapultó al segundo lugar en la intención de voto también le hizo perder a un electorado que le critica el abandono de sus posiciones de “avanzada”.

La última encuesta de la Universidad de Costa Rica, publicada esta semana, muestra una lata tasa de indecisos: 36% de electores así como cambios notables en la intención de voto: electores que saltan de un candidato a otro o que tenían un favorito y ahora no lo tienen.

Solamente Carlos Alvarado, candidato del oficialista Partido de Acción Ciudadana PAC, ha ido en franco ascenso con un discurso de respaldo al fallo de la CIDH y contra la corrupción, lastre del gobierno que representa.

Pisándole los talones a los dos primeros candidatos de corte autoritario, Carlos Alvarado podría ser la sorpresa de este domingo al lograr pasar a una segunda vuelta. Por el momento y a solo tres días de elegir presidente lo único cierto en Costa Rica parece ser la incertidumbre.

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