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La reseña de la prensa francesa del 12 de enero de 2018

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El presidente francés Emmanuel Macron, Roma, 11 de enero de 2018. REUTERS/Max Rossi

En febrero el gobierno va a presentar un proyecto de ley sobre inmigración pero ya se reveló parte de su contenido. Las asociaciones que defienden a los inmigrantes están de manera unánime en contra.

“Sube la tensión sobre la ley inmigración”, titula L’Humanité, que explica algunas de las polémicas medidas.

“Aumento del número de expulsiones, aumento del lapso de retención para verificación del derecho a estadía, aumento también de la retención máxima administrativa”.

Esto ha desatado una lluvia de críticas antes las cuales Macron “responde y confirma su posición”, escribe les Echos y cita al mandatario. “Hay que tener al mismo tiempo determinación, humanidad y eficacia”, dice.

“La humanidad sin eficacia, son bellos discursos; la eficacia sin la humanidad, es injusticia”.

Esa fórmula no convence sin embargo a Libération, que alerta sobre un “endurecimiento inédito de la política de inmigración en Francia”.

Libé también hace una comparación entre Macron y el último presidente de derecha francés: “Sarkozy lo soñaba, Macron lo hizo”.

Libé se enfoca en una de las nuevas disposiciones: la posibilidad de que la polcía realice controles en los centros nocturnos de alojamiento. Esos lugares perderán su estatuto de santuario para los inmigrantes indocumentados.

“Desde ese anuncio, no duermo”, dice un inmigrante entrevistado por el diario.

Para Libération es “el fin de una excepción milenaria”. El diario hace en efecto un paralelo entre esos centros nocturnos de alojamiento y las iglesias.

En ambos casos, se trata de ofrecer un techo a los más frágiles, cuando más lo necesitan. De ahí que la Iglesia católica también se haya unido al rechazo del proyecto.

// El vespertino Le Monde publica una entrevista con el nuevo arzobispo de París, monseñor Alain Aupetit. El prelado evoca el tema de los inmigrantes haciendo una diferencia entre dos principios.

El primero, evangélico, es la acogida incondicional de todas las personas. El segundo, se basa en el bien común: ¿cómo hacer para que cada uno pueda encontrar su lugar pero pensando en todos los demás?

De manera general, monseñor Aupetit estima que lo que está en juego hoy es la defensa de una sociedad humana. Y para él, "lo que nos hace humanos es la solidaridad hacia los más débiles, la capacidad de una sociedad para integrar la fragilidad”.

Lo interesante es que este prelado es médico y entró al seminario tardíamente, a los 39 años de edad. Cuando ejerció la medicina, trató personas minusválidas. "Ellos me enseñaron más que el resto de mis pacientes", dice.

Por eso el arzobispo de París estima "aterrador" que "se elimine a las personas minusválidas antes de que nazcan”.

También relata la siguiente anécdota. “Un amigo belga me dijo que sus padres ya habían integrado la idea de que si algún día se encontraban mal de salud, estaban preparados para desaparecer.

"Para esa pareja de ancianos belgas, se ha vuelto normal que los eutanasien", dice monseñor Aupetit.

“Vivimos en la sociedad de los estorbos", comenta.

Ayer ocurrió un atraco en el exclusivo Hotel Ritz. Cinco hombres encapuchados, armados con pistolas y hachas, robaron una joyería que se encuentra en ese lujoso hotel situado en pleno centro de París.

Tres de ellos fueron detenidos y se recuperó el botín, evaluado en unos 4 millones de euros. Es un robo espectacular y raro, sin duda alguna, pero finalmente banal.

Un hecho fortuito ha permitido, sin embargo, que a partir de esa noticia Le Figaro publique una divertida entrevista. Porque el escritor Frédéric Beigbeder estaba presente.

El autor francés se hallaba en el bar Hemingway del Ritz en una sesión de fotos para un artículo cuyo tema es el chef Colin Field, estrella de los cocteles en París.

Cuando empezó el asalto, entonces, Beigbeder tenía un coctel "mula de Moscú": vodka y jengibre…

Un mesero lanzó la alerta, los asaltantes comenzaron a gritar y Beigbeder terminó escondido en los baños con otros clientes.

Ahí, en medio de la penumbra, totalmente en silencio, mientras pensaba aterrorizado que se trataba de un ataque terrorista, creyó que sus días estaban contados.

"Entre dos ráfagas de disparos se escuchaba en los corredores la música del hotel: la voz de Frank Sinatra y canciones de Navidad. Era surrealista", cuenta el escritor, y subraya: "Parecía una película de David Lynch".