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Donald Trump se somete a su primer control médico anual como presidente

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Donald Trump en el Salón Oval de la Casa Blanca, el 10 de enero de 2018. REUTERS/Carlos Barria

El mandatario norteamericano debe ser examinado este fin de semana por el personal médico de la Casa Blanca, en medio de especulaciones sobre su estado mental. El chequeo, sin embargo, no debería arrojar sorpresas.


Con Xavier Vila, corresponsal de RFI en Washington

El rutinario examen médico al presidente Donald Trump lo conducirá el contralmirante Ronny Jackson, médico oficial de la Casa Blanca, en el hospital militar Walter Reed.

Este control anual se limita a diagnosticar parámetros de salud básicos, como los niveles de colesterol –por los que Trump se medica-, y de descarte de enfermedades habituales en el grupo de población de Trump, de 71 años, como cáncer o disfunciones coronarias.

A ello se añadirán otros controles rutinarios como los relativos a la presión sanguínea y el control de los ojos, oídos y la garganta. El examen, en cambio, no incluye ninguna evaluación psicológica ni del estado mental del paciente.

La salud mental de Trump ha sido motivo de debate tras los indicios de demencia denunciados por parte de su entorno en el libro de Michael Wolff “Fire and fury”.

Pero hay que descartar que trascienda algo muy relevante sobre la salud del magnate de 107 kilos de peso y metro 90 de altura. Por ley, Trump -como todo ciudadano aquí- tiene derecho a decidir qué comparte en público y qué no de sus pruebas medicas.

Está previsto que el viernes se difunda un comunicado sobre la revisión del presidente y que el próximo martes se celebre una rueda de prensa sobre la cuestión para dar más detalles.

"Creo que saldrá muy bien", señaló Trump a la prensa, agregando que estaría "sorprendido si no ocurre eso".

"Será mejor que me vaya bien, de lo contrario la bolsa no estará contenta", dijo en tono jocoso.