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Mohamed Ali deja definitivamente el "ring" terrenal

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Mandatory Credit: Action Images / MSI/File

El legendario boxeador estadounidense, cuya lucha trascendió durante más de tres décadas las cuerdas del cuadrilátero, murió este viernes a los 74 años en un hospital de Phoenix, Estados Unidos, tras 32 años de combate contra la enfermedad de Parkinson.


Aficionados o no al boxeo, quienes vieron luchar a ese hombre negro, bien parecido, que se dió a conocer con su nombre original, Cassius Clay, no pueden olvidar aquellas piernas que se movían tan ligeras como las de un bailarín, algo fuera de lo común en un boxeador de la categoría de peso pesado. "Vuelo como una mariposa, pico como una abeja", decía.

Clay comenzó a boxear la vida desde su infancia en el entonces segregacionista sur de los Estados Unidos, donde sufrió en carne propia los prejuicios raciales y la discriminación.

Su entrada en el mundo del deporte también comenzó temprano. Muy joven, al declarar el robo de su moto le dijo al policía que quería golpear al ladrón. Ese policía era Joe Martin, quien además de su actividad policial entrenaba boxeadores en un gimnasio local y descrubrió el talento del niño para ese deporte.

El nombre de Cassius Clay comenzó a sonar en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960, cuando obtuvo el oro en los “pesos pesados” y cuatro años después se coronó campeón mundial profesional.

De Cassius a Mohamed

Cassius Marcellus Clay Junior nació en 1942 en Louisville, en el Estado de Kentucky. En 1964, Clay se convirtió en campeón mundial de WBA luego de vencer por KO, en el séptimo round, a Sonny Liston. Tras esa victoria y cuatro años después de su triunfo olímpico en Roma, Clay anunció su conversión al Islam.

A partir de ese momento se le conocerá como Mohamed Ali. “Cassius Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí, no lo quería. Yo soy Muhammad Alí, un hombre libre", explicó.

Su lucha salió del “ring”

“El más grande”, como se le llamó, conmocionó a la población estadounidense en 1967 por negarse a hacer el servicio militar e ir a la guerra de Vietnam, alegando sus creencias religiosas. “Ningún vietnamita me ha tratado de nigger” (forma despectiva para llamar a un negro), afirmó.

Ali se declaró “objetor de conciencia” debido a que sus creencias religiosas le impedían participar en esa guerra. Por haberse negado a unirse a las tropas norteamericanas, el Estado de Nueva York le retiró la licencia para boxear y el título mundial de pesos pesados. Otros Estados se sumaron a esta medida. Ese mismo año el Gran Jurado Federal de los Estados Unidos lo declaró desertor. Todas las puertas se le cerraron e incluso le arrebataron su título de campeón mundial en su categoría.

El retorno

Los movimientos contra la guerra de Vietnam aumentaron. En 1970 más de un millón de manifestantes invadió las calles de Washington para exigir el retiro de las tropas norteamericanas de Vietnam. Mohamed Ali fue amnistiado y volvió al cuadrilátero.

Los años de inactividad no pasaron en vano. Es por ello que en 1971 fracasó en su intento por derrotar a Joe Frazier quien detenía el título mundial de la categoría de pesos pesados. Pero en 1974 Mohamed Ali recuperó el título, al que renunció en 1979. Se retiró entonces para comenzar un nuevo combate contra el mal de Parkinson.

Bocón o bocazas

Mohamed Ali también se hizo famoso por sus frases, a menudo impertinentes:

"Es difícil ser humilde cuando eres tan grande como yo".

“Cuando tienes razón, nadie lo recuerda. Cuando estás equivocado, nadie lo olvida”.

"El otro día luché contra un cocodrilo, peleé contra una ballena, he esposado relámpagos, he encerrado en la cárcel a truenos, yo asesiné a una roca, he herido a una piedra, hospitalicé a un ladrillo, soy tan malo que hago enfermar a la medicina".

Reconocimiento

Además de su talento como deportista, a Mohamed Ali se le reconoce hoy en día su lucha contra la discriminación, contra los extremistas y a favor de los derechos humanos. Siempre se declaró partidario de un Islam de paz y después de los ataques contra el World Trade Center en el 2011, en Nueva York, el ex boxeador, ya muy enfermo, tomó posición contra los extremistas.

En 1996 recibió un gran reconocimiento cuando se le designó para encender la llama en las Olimpiadas de Atlanta (Georgia, Estados Unidos). Su última lucha duró 32 años contra el mal de Parkinson.

Tras su muerte, comentaristas que siguieron su carrera lo describen como un hombre que jugaba su papel de luchador implacable en el ring, pero que al dejar las cuerdas  volvía a ser el hombre dulce que en realidad era.